DISCUSIÓN

El hecho de que los tepuys se eleven como islas sobre los terrenos bajos y selváticos circundantes ha determinado que la vegetación y fauna de sus cumbres tenga un carácter acentuadamente endémico. La evolución a lo largo de millones de años sobre una zona geológicamente calma y sometida a una progresiva disección, ha ido diferenciando en cada cumbre conjuntos endémicos particulares, a menudo derivados de estirpes antiguas. Ello también explica las lejanas relaciones de la flora de los tepuys con grupos taxonómicos que sólo se encuentran aquí y en apartadas regiones de Africa, Australia o el Archipiélago Malayo, por ejemplo. Diversos botánicos han calculado que de las más de 2.000 especies de plantas con flores y helechos de los tepuys, el 50% de ellas sólo se conoce de esta región del mundo, y que si se limita la muestra a cumbres superiores a 2.000 m de altitud, el porcentaje de endemismos es aún mayor (MAGUIRE, 1970; STEYERMARK, 1979, 1984). Esta diversidad biológica hace de los tepuys una especie de "islas" de considerable interés biológico.

Para la fauna, RIVERO (1970) estimó inicialmente que en los tepuys el número de especies endémicas era de unas 30 especies en cada grupo para los mamíferos, las aves, los reptiles y los anfibios. GORZULA (1992) considera que estas cifras son mucho más elevadas, excepto en el caso de aves, grupo que ha sido relativamente bien estudiado; él encuentra p.ej. que nueve de las 15 especies de herpetofauna de Chimantá son formas endémicas tepuyanas. HOOGMOED (1979) reportó 83 especies endémicas de batracios para la región Guayana, de los cuales 29 estaban aún por describirse. Los diferentes autores que han trabajado en la región están de acuerdo en que las especies endémicas no se distribuyen sobre toda la región, sino que tienden a estar localizadas en montañas aisladas o en grupos contiguos de montañas.

Para la herpetofauna, GORZULA (1992) encuentra que en cada montaña particular hay tres grupos de componentes básicos: 1. Especies selvático-montanas que se encuentran esporádicamente en los tepuys y que están allí en su límite altitudinal superior. 2. Especies endémicas de tepuy las cuales no tienen "contrapartes taxonómicas" en otros tepuys, pero sí en las tierras de los pisos altitudinales más bajos. 3. Especies endémicas de cumbres tepuyanas, principalmente de los tepuys orientales (HUBER, 1987), que pueden o no haberse diferenciado taxonómicamente en dichas cumbres.

Varias "teorías" han sido expuestas para explicar el origen de la fauna endémica tepuyana. Una revisión de GORZULA (1992) muestra mediante el análisis de la herpetofauna que sólo dos de ellas son sostenibles. La Teoría del Plateau, que explicaría ejemplos de la categoría 3, y la Teoría de Cambio de habitat, que explicaría ejemplos de la categoría 2. La categoría 1 sería explicada por colonización reciente.

La Teoría del Plateau sostiene que la presencia de algunas especies relictuales en diversos tepuys podría explicarse suponiendo que existía una altiplanicie más extensa en el Escudo Guayanés durante el Mesozoico o Terciario temprano, previa a una disección erosional intensiva. RIVERO (1970) considera que la distribución actual de las ranas Stefania puede explicarse con base en tres eventos cronológicos, uno de los cuales toma la Teoría del Plateau como parte de esta secuencia. Según ello el género Stefania evolucionó primero en las montañas del macizo Guayanés, formando las dos especies ancestrales para el grupo goini y el grupo ginesi. En el segundo evento, ambas especies ancestrales fueron separadas en poblaciones aisladas (por erosión de la planicie) en diversos tepuys, donde siguieron diferenciándose taxonómicamente. Esto puede haber ocurrido durante el Mio-Plioceno. En el tercer y último evento, durante las glaciaciones, una depresión de la temperatura empujó las faunas a pisos altitudinales más bajos, forzando a algunas especies a extender su rango a las tierras bajas. Esta proposición está apoyada por información inmunológica, la cual indica que Stefania y Cryptobatrachus (del norte de Colombia) se diferenciaron hace unos 82 millones de años en el Cretácico tardío, antes del levantamiento y de la disección erosional del macizo Guayanés (DUELLMAN & HOOGMOED, 1984).

La Teoría de Cambio de habitat sostiene que una parte de la fauna de los tepuys deriva de especies de las tierras bajas tropicales, las cuales se diferenciaron hasta formar especies nuevas en las alturas mayores. Esta formulación, que explica ejemplos de la categoría 2, es inversa a la propuesta para el tercer evento antes citado, aunque a menudo ambas son confundidas (las especies de tepuys con contrapartes en tierras bajas pueden explicarse por descenso o ascenso de unas u otras). Tanto HOOGMOED (1979) como RIVERO (1970) postularon que los primitivos géneros Otophryne (Microhylidae) y Oreophrynella (Bufonidae) derivaron de una paleo-fauna que evolucionó en una planicie antigua de arenisca (la teoría del Plateau), y Otophryne posteriormente habría invadido los pisos altitudinales inferiores. GORZULA (1992) sostiene que dicha hipótesis no se soporta porque las especies de Otophryne de la región de Guayana son estrictamente forestales, salvo O.steyermarki y para ésta su habitat actual en Chimantá son turberas y bosquecitos de Bonnetia que probablemente no hayan existido en las cumbres durante el Pleistoceno, sino sólo en el Holoceno (los últimos 10 mil años). Para este autor la diferenciación o no de las especies de la categoría 3 se puede explicar suponiendo que, durante las glaciaciones, algunos habitats tepuyanos (p.ej. las turberas) tenían mayor probabilidad de unirse en pisos altitudinales inferiores que otros (p.ej. los ambientes saxícolas de grietas húmedas).

Para la región de Guayana, considerada por algunos autores como un "área-refugio" (p.ej. STEYERMARK, 1979), ha sido señalada la ocurrencia alternada de paleoclimas áridos y húmedos, relacionados con las oscilaciones del glaciarismo cuaternario (SCHUBERT, 1984; SCHUBERT et al., 1992; RULL, 1991).

Aunque existen indicadores geomorfológicos de fases climáticas pasadas más áridas que la actual (depósitos en terrazas, drenajes anómalos, presencia de duricrusts en algunos puntos, dataciones de radiocarbono en turba) (SCHUBERT et al., 1992), se desconoce su magnitud, edad y posición cronológica. Ha sido postulado por estos mismos autores que en las cumbres de los tepuys comenzó la formación de las turbas actuales hace aprox. 8 mil años (Holoceno temprano) y que este tipo de depósito requiere condiciones de gran humedad (como las existentes actualmente) para su formación. La edad de otros depósitos y evidencias (como las terrazas y duricrusts) no se conoce con certeza, pero se estima que es Pleistocena. Creo oportuno señalar que, aunque las dataciones de los niveles más bajos en los perfiles de las turberas analizadas alcancen sólo 8 mil años, de ello no se puede inferir que antes de esa fecha no se formaba turba, ya que la capa basal en contacto con la roca caja puede ir siendo removida por el flujo lateral del agua freática que embebe la turba y exporta el agua hacia los ríos, con la consiguiente pérdida de niveles antiguos. O al menos habría que demostrar previamente que tal remoción no es posible y que el espesor acumulado en las turberas (que en raras ocasiones alcanza los 2 m) corresponde a la totalidad de la turba previamente formada.

VAN DER HAMMEN (1974, 1982) calculó que las depresiones térmicas durante los períodos glaciales del Pleistoceno no deben haber pasado de 3 ó 4ºC en las tierras tropicales de la región. GALAN (1992) demuestra que, desde un punto de vista climático, los cambios en humedad ambiental durante probables fases áridas (o menos húmedas) Cuaternarias deben haber sido atenuadas en las cumbres de tepuys, zonas éstas que se caracterizan por sus altas precipitaciones (3.500 a 4.000 mm por año, al menos, actualmente) asociadas a los desplazamientos de la ITCZ (zona de convergencia inter-tropical) (GALAN, 1984b), y por su clima fresco de elevada humedad. Por otro lado, el mismo autor destaca que, bajo un aspecto de homogeneidad aparente, las cumbres de los tepuys encierran una gran variedad de microambientes, con rasgos microclimáticos peculiares (GALAN, 1992). Esta diversidad microambiental puede permitir que los enclaves actuales de mayor humedad sirvieran en el pasado como refugio durante fases áridas (o menos húmedas) para especies exigentes en humedad, contrayéndose la distribución de la vegetación superior a estos enclaves y expandiéndose las áreas rocosas expuestas (sin descartar en otros casos la migración vertical a altitudes inferiores). Hoy, por el contrario, por estar en una fase húmeda, estaríamos aún asistiendo a la colonización de las áreas abiertas.

Un mecanismo de este tipo, que tenga en cuenta la heterogeneidad existente, es suficiente para explicar la pervivencia de especies que se considera adaptadas a las cumbres desde antiguo, la presencia actual de formas que han colonizado los tepuys en fechas más recientes (Holoceno), y la diferenciación y especiación divergentes en cada tepuy (en el caso de especies con limitaciones para su dispersión) durante los períodos de aislamiento más marcados. Sin descartar en otros casos que la adaptación local de poblaciones a diferentes microambientes (tanto en las cumbres como en zonas de media y baja montaña) puede dar origen simpátrica o parapátricamente a genotipos particulares, con rango subespecífico o específico.

En todo caso, sin importar la hipótesis evolutiva considerada o la intensidad que puedan haber tenido las variaciones paleoambientales, la biota existente en los tepuys, y particularmente formas higrófilas de herpetofauna, pueden haberse refugiado en sistemas de cuevas, grietas y cañones, donde las condiciones de humedad, isotermia y protección contra la radiación solar y la predación, fueran más favorables para su supervivencia.

En otros casos, la migración vertical, los desplazamientos horizontales o la extinción, pueden haber tornado discontínuas distribuciones anteriores de los taxa, y la entera historia evolutiva de los diferentes taxones puede estar salpicada de particularismos que han conducido a las distribuciones geográficas encontradas bajo las condiciones actuales. Un adecuado análisis filogenético puede en este sentido arrojar más luz que las inferencias hipotetizadas a partir de evidencias paleoambientales. La elevada proporción de endemismos en las cumbres de tepuys es una resultante de múltiples factores, entre los cuales la existencia de cuevas y cañones ha debido aportar un ingrediente más para ampliar la alta biodiversidad encontrada.


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