VALOR AMBIENTAL Y PROTECCIÓN

El Patrimonio espeleológico de Gipuzkoa posee un notable valor medio-ambiental y merece una adecuada protección. Ha sido anteriormente comentada su importancia científico-cultural, por poseer innumerables yacimientos arqueológicos y paleontológicos, una fauna cavernícola con elevado número de taxa troglobios, a menudo relictos de épocas pasadas y en muchos casos constituyendo endemismos exclusivos del País Vasco, más infinidad de peculiaridades de interés geológico (muy diversos espeleotemas y depósitos sedimentarios, notables redes de galerías subterráneas, de variada morfología) y acuíferos subterráneos que muchas veces sirven para el abastecimiento de agua a pueblos e industrias.

Hay una errónea tendencia a creer que lo conocido constituye lo único existente. En el caso de las cuevas, por su carácter subterráneo -y por lo tanto oculto a la mirada superficial-, lo desconocido es probablemente mayor que lo que hasta ahora conocemos. Así, al interés actual, hay que añadir el potencial que encierran, develable a través de la futura investigación. Tal como se descubrieron las pinturas rupestres de Altxerri y Ekain o notables yacimientos prehistóricos, muchos otros hallazgos pueden ser realizados en el futuro. El interés potencial del medio kárstico es por tanto un valor a tener en cuenta.

En el caso de la fauna troglobia, es curioso el desconocimiento reinante. La administración, tan preocupada por las especies amenazadas o en peligro de extinción, parece desconocer el alto valor biológico de los invertebrados cavernícolas; éstos a menudo constan de poblaciones numéricamente muy reducidas, muchas de ellas son relictos biogeográficos y filogenéticos, y además en nuestra fauna contienen un elevado número de endemismos (son especies únicas en el mundo, sólo conocidas de unas pocas cuevas de la región vasca). Sus habitats son además muy frágiles y vulnerables. En otros países muchas especies cavernícolas están incluidas en los listados de especies amenazadas y sus habitats gozan de especiales medidas de protección. En nuestro caso, el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas sólo incluye unos cuantos vertebrados, que adicionalmente son taxones muy conocidos y de amplia distribución en Europa. Sería el momento de que nuestros responsables medio-ambientales en la administración tomarán conciencia de estos hechos y se interesaran en la protección y estudio de la fauna de nuestras cuevas. No sería exagerado afirmar que esta fauna es nuestro mayor valor en biodiversidad zoológica. Además, gracias a la protección del medio subterráneo, estas pequeñas poblaciones de especies raras han logrado sobrevivir a través de millones de años llegando hasta nuestros días relativamente intactas. Son por tanto indicadores evolutivos del más alto interés.

Otra característica generalizada de nuestras cuevas y simas es que son o han sido parte de sistemas hidrológicos subterráneos. Una característica esencial del karst es que en él no existe la circulación normal o superficial: las aguas de las precipitaciones se infiltran, circulan subterráneamente, y van a parar a las surgencias, constituyendo acuíferos subterráneos. Como esta circulación se efectúa a través del volumen del macizo rocoso, las aguas van disolvendo la roca y excavando galerías -progresivamente- a mayor profundidad. Las zonas actuales de circulación, concentrada en grandes drenes o ríos subterráneos (y sistemas anexos de almacenamiento, de variable extensión) son alimentadas por la infiltración vertical que atraviesa toda la masa del karst, incluyendo las cavidades que hoy no tienen corrientes de agua permanente. Este drenaje subterráneo, progresivamente organizado y jerarquizado, se caracteriza por constituir un acuífero de fisuras y conductos, por tanto, de alta permeabilidad e incapaz de filtrar la contaminación orgánica y química. Cualquier vertido contaminante que interese a su cuenca de alimentación, pasará rápidamente a las aguas subterráneas afectando su calidad, ya que los procesos de autodepuración sólo se limitan a la dilución del contaminante. Por tanto se trata de zonas de máximo riesgo ante la contaminación, que deben estar sujetas a medidas de protección especial, como lo recomiendan los organismos internacionales de salud.

Personas poco informadas de estas características del karst han sugerido incluir en el Catálogo una Valoración medio-ambiental de cada cavidad individual. Ya hemos indicado que el interés científico de una cavidad (sea éste biológico, antropológico o geológico) no guarda relación con sus dimensiones. La destrucción, alteración o contaminación de una cavidad puede por tanto tener muchas implicaciones, dependiendo del tipo de impacto ambiental, y muchos de ellos rebasan el limitado marco de la propia cavidad, pudiendo por ejemplo afectar al conjunto de un acuífero subterráneo o a la totalidad de su fauna. Una adecuada evaluación requiere entender las características conocidas de un macizo, el valor potencial que encierra, y el tipo de impacto, ya que la respuesta al mismo depende de múltiples factores. Asignar un valor medio-ambiental a cada cavidad individual sería como pedirle a un médico que cartografiara el cuerpo humano y asignara valores a cada órgano y a cada punto del mismo; lógicamente, no se comporta igual el cuerpo humano (y sus partes) ante un traumatismo, una infección bacterial, un virus, o una quemadura, y difícilmente podrá decirse que parte u órgano tiene más valor o hay que proteger más. Todo depende de ante qué circunstancias.

Por ello, somos de la opinión de que cada caso requerirá un estudio particular. Obviamente, se puede señalar que las cavidades que albergan importantes yacimientos arqueológicos o singulares especies cavernícolas necesitan y merecen una figura legal que las protega. De igual modo, hay acciones contaminantes cuyo efecto genérico es conocido: deberían prohibirse los vertidos y acciones que afecten a la calidad de las aguas subterráneas, sobre todo si éstas son luego utilizadas para el propio consumo humano. En otros casos se debe también tender a una protección global del habitat subterráneo, y no sólo al de cavidades aisladas; es decir, que un macizo kárstico (o una parte de él), por su relevancia geológica y biológica, debería contemplar figuras de protección ante p.ej. la deforestación de su cubierta vegetal, trazado de pistas, minería, etc. La protección en este caso estará mejor orientada si contempla también el interés de los habitats de superficie.

Afortunadamente, muchos de los karsts del país están enclavados en áreas de montaña y su agreste naturaleza ha hecho que incluso en ocasiones fueran poco útiles para prácticas agrícolas. Probablemente muchos de ellos sean los rincones menos afectados por la acción humana. Así que han llegado hasta nuestros días relativamente poco modificados. Pero la moderna presión humana parece no respetar límite alguno y nuevos usos son propuestos continuamente, alterando el ambiente, con la paradoja de querer acercar de nuevo al ser humano a lo poco que queda inalterado. Las cavernas y los fondos submarinos probablemente se encuentran en esta situación. Por ello, hoy más que antes, es necesaria una inteligente protección: para poder legar a las generaciones que nos sigan al menos una parte de lo que nosotros pudimos conocer.

En este último sentido, la incorporación de los datos sintéticos del Catálogo al Sistema de Información Territorial, permite apreciar sobre la cartografía del territorio la distribución, localización y número de las cavidades hasta ahora conocidas, y obtener información suplementaria sobre sus principales características. Ante el trazado de obras públicas (como canalizaciones, tuberías, movimientos de tierra, carreteras, etc.) debe tenerse en cuenta además que los puntos sólo indican la posición de las bocas de las cuevas, pero no la extensión subterránea de las galerías y redes de drenaje, por lo que toda incisión del terreno próximo puede alcanzar, interceptar o afectar al extenso mundo subterráneo que buscamos proteger.

Esperamos que esta breve exposición despierte la curiosidad de los no especialistas y contribuya a valorar y salvaguardar el importante patrimonio espeleológico que alberga el karst gipuzkoano.


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