INTRODUCCIÓN

Desde su inicio en 1947 la Sociedad de Ciencias Aranzadi (SCA) ha mantenido un vivo interés por el estudio de las numerosas cuevas existentes en el País Vasco, un país en el cual los macizos de rocas calcáreas constituyen una impronta característica del paisaje. Las más importantes montañas de Gipuzkoa son de naturaleza calcárea y están ampliamente karstificadas, presentando numerosas cuevas, simas, sumideros y surgencias kársticas. Este temprano interés por las cuevas se debe a que en ellas se han conservado importantes vestigios del pasado del hombre vasco (yacimientos arqueológicos y paleontológicos) y también a que albergan una fauna cavernícola singular, en muchos casos altamente modificada o troglobia, relicta del Terciario o de épocas anteriores, cuando sobre el país existían condiciones climáticas de tipo tropical y subtropical. Muchas especies cavernícolas son formas endémicas exclusivas, sólo conocidas en el mundo de unas pocas cuevas de esta región.


El múltiple interés que presentan las cuevas, hace que desde sus inicios la SCA emprenda su catalogación, exploración y estudio, abarcando también los aspectos geológicos, climáticos, morfológicos e hidrológicos. Así, el estudio de las cuevas abarca tres grandes áreas: geoespeleología, bioespeleología y espeleo-antropología. Pero el paso previo (e imprescindible) para el estudio aplicado en cada campo reside, en primer lugar, en prospectar el terreno y localizar las cuevas existentes. A ello sigue, en segundo lugar, la exploración subterránea y la topografía de las galerías que se extienden bajo tierra. Son estas exploraciones técnicas las que permiten descubrir indicios de interés científico, a la vez que aportan información para la comprensión global de la génesis, estructura y funcionalidad del karst en cada macizo montañoso.

A partir de 1949, y en sucesivas entregas, la SCA publica en su revista Munibe el Catálogo Espeleológico de Gipuzkoa (SCA, 1949 - 1965; recopilación y síntesis en: SCA, 1969). Para 1965 habían sido publicadas referencias sobre 800 cavidades. Sin embargo, esta primera versión del CEG era básicamente un catálogo de referencias: sólo unas 200 de estas cavidades contaba con exploración y topografía completas, siendo el resto datos de localización, a menudo imprecisos. Tan es así que una buena parte de las cavidades publicadas en el CEG, no han podido ser halladas cuando se prospeccionó el terreno en detalle. En algunos casos porque sus bocas han sido tapadas por pastores o por los constructores de caminos y pistas forestales; en otros porque la denominación era una simple sinonimia de otra cavidad ya conocida; y en otros porque la referencia verbal obtenida del informante era excesivamente imprecisa e incluso podía no ser real. Con todo y ser un valioso auxiliar, este primer CEG no reunía los requisitos de un archivo catastral de cavidades. Aunque resultó ser la fuente principal de consulta de los sucesivos prospectores y, por lo tanto, de indudable valor referencial.

Para subsanar la disimilaridad de datos contenida en el CEG, se dió inicio en 1960 a la creación de un auténtico catálogo -contrastado- de cavidades. El criterio para incluir una cavidad en el catálogo varió: sólo se incluirían cuevas físicamente conocidas, localizando sus bocas mediante coordenadas, triangulación o croquis de situación claros y detallados. A menudo se exigía que la cueva hubiera sido explorada en su totalidad y que los informes estuvieran acompañados de la respectiva topografía. En la mayoría de los casos ésto se cumplió y la nueva versión del CEG consistía en un archivo, donde a cada cavidad se le abría un dossier, con nueva sigla, y en cuyo interior, además de los datos básicos, se iban agregando informes de sucesivas exploraciones, datos científicos, topografía de nuevas galerías, etc. (ZUBIRIA, 1978). Algunos dossiers contienen la información completa sobre una cueva obtenida en una única exploración, pero muchos otros, sobre todo en el caso de cuevas y simas de cierta envergadura o de interés en alguno de sus campos, contienen información de múltiples salidas y de estudios sucesivos. Esta información ha ido siendo ampliada y completada progresivamente.

Para 1970 unas 400 cavidades exploradas fueron incluídas en esta segunda versión o nuevo CEG. La cifra aumentó a 850 cuevas en 1980 y 1.150 en 1990. Para este momento todos los datos contrastados del antiguo CEG quedaron incluidos en el nuevo catálogo. A partir de esta fecha se decide ampliar el catálogo incluyendo aportaciones sintéticas en forma de fichas e información sobre cuevas y abrigos con datos arqueológicos, no descubiertas aunque sí estudiadas por la SCA. Estos aportes y la ingente labor de prospección propia en los grandes macizos de Aralar, Izarraitz-Arno, Ernio, Uzturre y afloramientos menores hace que la cifra ascienda hoy a 1.805 cavidades catalogadas.

De la cifra anterior, 1.405 cavidades han sido estudiadas directamente por la SCA, mientras que otras 400 corresponden a los aportaciones de otros grupos: 208 al grupo Aloña Mendi de Oñate (referencia OÑ), 114 al grupo del Club Deportivo Eibar (ref. EB), y 78 al grupo Besaide de Arrasate (ref. AR). En el campo de Referencias es indicada la fuente de información (con la sigla de cada grupo que hizo aportes en forma de fichas al Catálogo de la SCA). La totalidad de los aportes de OÑ y EB corresponden respectivamente a los macizos de Aizkorri e Izarraitz, mientras que AR trabajó fundamentalmente en Udalaitz (50 cavidades) y en menor medida en sectores de Aizkorri próximos a Arrasate (28 cavidades). Debe señalarse también que algunas cuevas fueron exploradas en forma conjunta con la colaboración de diversos grupos e integrantes de la Unión de Espeleólogos Vascos (UEV) de otros territorios de Euskal Herria (no sólo de Gipuzkoa). 89 de estas 400 cavidades constan por omisión con desarrollo 0, es decir, que no ofrecen datos de dimensiones (aunque sí de localización); las 311 restantes no cuentan con topografía en nuestros archivos, aunque es de suponer que fueron topografiadas, ya que ofrecen datos de dimensiones (desnivel y desarrollo). Unas 20 de estas cavidades cuentan con datos publicados, que han sido incorporados al Catálogo. Estos aportes y el trabajo propio de la SCA hace que el Catálogo contenga 1.550 cavidades para 1992 y 1.805 para el año 2001, que es la situación actual.

Como luego se verá (en los siguientes apartados) el Catálogo incluye no sólo cuevas y simas, sino también sumideros y surgencias. Y no es un auténtico Catastro de cavidades, sino un Catálogo, incompleto en algunos aspectos; por ejemplo, 355 cavidades carecen de topografía, correspondiendo 62 de ellas a exploraciones incompletas de la SCA y 293 a aportes de otros grupos.

Todos los datos antiguos han sido procesados conforme a los criterios y recomendaciones de la Unión Internacional de Espeleología -UIS- y cuentan actualmente con coordenadas UTM y datos de dimensiones normalizados. Los datos sintéticos de cada cavidad han sido informatizados e incorporados a una base de datos. Es esta información la que expondremos en el presente trabajo.

La misma ha sido a su vez incorporada al Sistema de Información Territorial que mantiene la Diputación Foral de Gipuzkoa. En este sistema puede accederse (a través de la página web http://b5m.gipuzkoa.net.) -y visualizarse gráficamente- toda la cartografía e información territorial de Gipuzkoa a escala 1:5.000 (e incluso a escala 1:2.000 en las zonas urbanas). Se puede navegar sobre el mapa del territorio y localizar la presencia de cuevas (entre otros muchos datos que ofrece el sistema). Seleccionando el punto que representa la boca de una cavidad, se accede a la información sintética del catálogo, organizada en los 15 campos siguientes:

Sigla de la cavidad (la cual refiere el nº de dossier que contiene la totalidad de la información obrante en los archivos de la SCA, incluyendo las topografías); Nombre y Sinónimos; Dimensiones: Desnivel y Desarrollo en metros de la red de galerías; Macizo y zona kárstica en que esta enclavada cada cavidad; Coordenadas UTM: longitud, latitud y altitud sobre el nivel del mar de las bocas; Tipo de cavidad: si se trata de una Sima, Cueva, Sumidero, Surgencia, o una combinación de ellas; Información aplicada: Topografía, Geoespeleogía, Bioespeleología, Antropología (en cada caso se señala si se cuenta o no con información en cada uno de esos campos); y por último el término municipal y referencias varias (incluyendo la fuente de información).

En los siguientes apartados comentaremos la metodología utilizada en la confección de cada campo de datos, ofreciendo a su vez un resumen actualizado de sus características y un análisis global del conjunto.


www.aranzadi-sciences.org
e-mail: cegalham@yahoo.es