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ESPECIACION
Y EVOLUCION
La
variación en el marco de una simple especie tiene muchas implicaciones
en casi todos los aspectos de la biología, especialmente en
la interpretación de las especies y los procesos de especiación.
Taxónomos, genetistas, evolucionistas y ecólogos han incrementado
su interés por el estudio de la variación en mayor profundidad,
ya que se piensa que la variación por debajo del nivel específico
encierra la clave para entender el origen de las especies.
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Normalmente
es aceptado que el ambiente no afecta directamente a los individuos para
producir caracteres morfológicos y fisiológicos adaptativos, sino que
actúa a través de la selección natural sobre la composición genética global
de la población como un todo. Cada población local está adaptada, a través
de la selección natural, a un ambiente específico. Ya que debe haber,
teóricamente al menos, un genotipo óptimo para cada población en un ambiente
particular, teóricamente debería esperarse una uniformidad genética en
cada población. Sin embargo, en la realidad, ésto no ocurre y, por el
contrario, la variación sigue existiendo como una propiedad fundamental
de todos los sistemas biológicos. Todos los organismos contienen un gran
almacén de variabilidad genética latente, la cual, incluso aunque no se
manifieste en algunos fenotipos individuales, es un importante atributo
de las poblaciones y, a su vez, de la especie como un todo.
El
mantenimiento de la variabilidad genética es importante para la supervivencia
de las especies y, en ocasiones, ésto puede llevar a que algunos organismos
(portadores de esta información genética) sean capaces de sobrevivir a
drásticos cambios ambientales, los cuales producen condiciones adversas
para el genotipo modal que está mejor adaptado a las condiciones originales.
De modo similar la población puede contener genotipos que favorezcan la
colonización de nuevos ambientes; permitiendo una mayor capacidad de supervivencia
y expansión de su distribución.
Las principales fuentes de variabilidad genética son las mutaciones, el
flujo de genes y las recombinaciones, mientras que los factores que reducen
la variabilidad son esencialmente la selección natural y la deriva genética.
La deriva genética ha sido definida por DOBZHANSKY (1951) como "fluctuaciones
reales en la frecuencia de genes en poblaciones efectivamente pequeñas".
En tales poblaciones pueden ser perdidos completamente genes particulares,
dando así a la población rasgos característicos. La selección natural
actúa favoreciendo sólo aquellos fenotipos mejor adaptados a las condiciones
ambientales, capaces de sobrevivir y reproducirse, y así perpetuarse a
través de sus descendientes. La variación responde por tanto a una variedad
de fuerzas selectivas ambientales, dando lugar al predominio de ciertos
genotipos en poblaciones de diferentes áreas o tipos de habitat.
La
variación juega un papel central en muchas discusiones sobre los mecanismos
de especiación, especialmente en la controversia concerniente a los modelos
alopátrico y simpátrico de especiación. La principal diferencia de opinión
reside en si las poblaciones necesitan o no estar geográficamente separadas
o aisladas antes de que la diferenciación ocurra.
Uno de los modelos clásicos de especiación es llamado especiación alopátrica.
El carácter esencial de esta hipótesis es que las poblaciones que quedan
separadas por algún tipo de barrera geográfica devienen genéticamente
diferenciadas debido a la deriva genética o a la selección natural diferencial
como producto del nuevo ambiente. Si las barreras son subsecuentemente
removidas después de este período de desarrollo independiente hay varias
posibilidades posteriores: las dos poblaciones no han divergido suficientemente
y se interreproducen libremente; la interreproducción ocurre pero con
baja eficiencia de los híbridos; o la divergencia puede ser tal que las
poblaciones no son capaces de copular o de producir descendientes viables.
La última posibilidad es considerada especiación alopátrica, y ya se está
en presencia de dos especies. Algunos biólogos sostienen que esta explicación
es el único modo posible de especiación en organismos que se reproducen
sexualmente (MAYR, 1970), pero otros (DOBZHANSKY, 1970; SCUDDER, 1974;
WHITE, 1978) sostienen que éste es sólo uno entre varios posibles procesos
de especiación. A pesar de que teóricamente la explicación alopátrica
es muy plausible y lógica, este modo de especiación, como todos los otros,
no ha sido observado en la actualidad.
Como veremos en los siguientes apartados, la Bioespeleología no escapa
a la polémica actual sobre el concepto de especie y el de los modos en
que la especiación ocurre o puede ocurrir. A menudo este tema determina
la visión general que tienen diferentes autores sobre el proceso de especiación
en cavernícolas, la evolución troglomorfa, y la clasificación ecológica
y taxonómica de los organismos involucrados.
1.
Concepto de especie
El
desarrollo de la genética de poblaciones en los años 30 tiene por resultado
un nuevo avance en la concepción de la sistemática y clasificación biológica
de los organismos, desarrollada inicialmente por Linneo, e introduce una
nueva aproximación al concepto de especie. Las especies pasan a ser definidas
en términos de poblaciones, como suscintamente lo hace MAYR (1970): las
especies son "grupos de poblaciones naturales interreproductoras, aisladas
reproductivamente de otros grupos". Este "concepto biológico de especie"
es hoy ampliamente aceptado, tanto por genetistas como por taxónomos,
a pesar de haber sido criticado desde distintos puntos de vista. EHRLICH
& HOLM (1963), SOKAL & CROVELLO (1970) y LOVTRUP (1979) piensan que el
evolucionista sólo necesita concernirse con poblaciones y que para el
taxónomo sería preferible abandonar el concepto biológico de especie y
usar una aproximación estrictamente fenética (cladística). Esta visión
ha sido discutida por WHITE (1978), y la controversia entre la aproximación
a la taxonomía filogenética versus la fenética ha sido cubierta, entre
otros, por HULL (1970); el volumen 24 de Systematic Zoology resume sus
resultados. Es suficiente decir aquí que el concepto biológico de especie
ha resistido, de lejos, a sus más fundamentales ataques, y hasta ahora
es la única base conceptual válida para el trabajo de los biólogos.
El concepto biológico de especie puede resultar inadecuado cuando se trabaja
con organismos en los cuales no ocurren poblaciones interreproductoras,
es decir, asexuales o uniparentales. Dobzhansky excluye a los organismos
uniparentales de su concepto de especie, denominándolos "pseudoespecies"
(DOBZHANSKY, 1972). Los taxónomos han descrito especies tanto en organismos
uniparentales como biparentales, y continúan haciéndolo; resulta claro
que las primeras son distintas de las especies sexuales y han sido llamadas
"agamoespecies", pero ésto no resuelve el problema conceptual. No obstante,
estos taxa asexuales no exhiben una caótica gama de variación, y pueden
ser agrupados y denominados por sus caracteres de forma parecida a las
especies sexuales, aunque se tenga en claro que la interreproducción es
crucial para la delimitación de especies biológicas.
La
más significativa limitación del concepto biológico de especie puede ser
la ausencia de la dimensión temporal, ya que las especies son unidades
esenciales de evolución. SIMPSON (1961) concibe sus especies evolutivas
como "un linaje (una secuencia ancestro-descendiente de poblaciones) que
evoluciona separadamente de otros" y ve como problemático la delimitación
de especies a lo largo del tiempo. El sugiere que un linaje evolutivo
tendría que ser dividido arbitrariamente en una sucesión de especies a
lo largo del registro fósil, entre las cuales las diferencias morfológicas
deben ser al menos tan importantes como las existentes entre especies
vivientes del mismo grupo. Para otros filogenetistas, sin embargo, no
existe un problema conceptual en la delimitación de especies evolutivas;
éstas se originan cuando un linaje se divide en dos, de modo que cada
especie existe como un simple linaje que ocupa el intervalo de tiempo
entre dos eventos de especiación. WILEY (1978) adopta una aproximación
filogenética y modifica ligeramente el concepto de Simpson mostrando que,
de hecho, las especies no evolucionan a una tasa constante, sino que "mantienen
su identidad" con respecto a otras especies a través de períodos de relativa
estabilidad. Esta visión del proceso evolutivo ha sido discutida entre
otros por GOULD & ELDREDGE (1977).
El concepto biológico de especie y el concepto evolutivo de especie no
son en modo alguno contradictorios; el primero es un caso especial del
segundo, aplicado en un punto del tiempo a poblaciones contemporáneas
de organismos bisexuales. En términos de genética de poblaciones, Dobzhansky
p.ej. refiere las especies como arreglos de combinaciones de genes que
forman "picos adaptativos", distinguibles porque los valles "no-adaptativos"
de combinaciones desfavorables de genes permanecen ampliamente inhabitados.
Las especies, en el caso de organismos asexuales y sexuales, pueden entonces
ser visualizadas como poblaciones naturales, que evolucionan como una
unidad en la actualidad, o que retienen la capacidad de evolucionar como
una unidad (MEGLITSCH, 1954; WILEY, 1978). La población de una especie
es la manifestación visible de un pool de genes los cuales retienen su
caracter como pool unificado porque, en teoría, cualquier alelo presente
puede eventualmente llegar a reemplazar a todos los factores alelomórficos
del pool, bien sea como resultado de interreproducción o bien como consecuencia
de la simple supervivencia diferencial en el caso de organismos asexuales.
La especie es así una región independiente y distinta del espectro genético,
sin importar el mecanismo envuelto en la distribución de estos genes,
y es por tanto aplicable igualmente a organismos que se reproducen sexual
o asexualmente.
Quizás la implicación más importante de estas ideas es, no tanto que permiten
acomodar en el concepto de especie a organismos uniparentales y biparentales,
sino que proveen a las especies del sentido de unidades funcionales. Esto
enfatiza que las especies existen, no tanto porque estén reproductivamente
separadas, sino porque poseen roles evolutivos y ocupan nichos evolutivos
separados en la Naturaleza. El aislamiento reproductivo surge de la necesidad
de los organismos biparentales de concentrar sus combinaciones genéticas
en torno a picos adaptativos. En este sentido, el concepto biológico de
especie probablemente ha sobreenfatizado el papel que juega el aislamiento
reproductivo en la delimitación de especies sexuales y en el proceso de
especiación.
2.
Modos de especiación
En términos geográficos, clásicamente se distingue tres modos de especiación:
simpátrica, parapátrica y alopátrica (ENDLER, 1977). En la especiación
simpátrica no hay segregación espacial entre las poblaciones divergentes
y los miembros de cada una permanecen en el área de cruce de la otra.
En la especiación parapátrica las poblaciones son contiguas, y la segregación
espacial (sin disyunción) y la diferenciación son seguidas por el alcance
del aislamiento reproductivo. En la especiación alopátrica, el entero
proceso ocurre en disyunción, debido a la presencia de alguna barrera
geográfica.
Ninguna de las vías envueltas en la diferenciación incluye una garantía
de que el completo aislamiento reproductivo será alcanzado, como tampoco
las distribuciones finales de los organismos proveen indicaciones, en
sí mismas, del modo de especiación que ha estado involucrado. La adquisición,
no sólo de una distribución geográfica actual, sino de otras características,
pueden ser fenómenos post-especiación. En este sentido, debe recordarse
que las inferencias evolutivas nunca son hechos probados, al menos no
del modo en que el parentesco evolutivo es interpretado contando con la
evidencia del registro fósil. La especiación es un proceso que requiere
tiempo, por lo que no es posible su observación directa; la evidencia
de la especiación debe ser entonces indirecta, por lo cual es más conveniente
tratar los modos de especiación como modelos. Pero, su valor en este sentido,
deja mucho que desear, ya que las predicciones derivadas de los mismos
difícilmente son testables, por lo que se recurre a evaluar en qué grado
son consistentes con las observaciones. MAYR (1979) reconoce que "el proceso
de especiación tiene que ser reconstruido por inferencia". Por lo que
el estudio de la especiación permanece en gran medida como una "ciencia
ad hoc" (BUSH, 1975).
El clásico modelo alopátrico (MAYR, 1970; 1979) ha sido objeto de creciente
crítica y una amplia gama de hipótesis y modelos alternativos, no-alopátricos,
está ahora disponible. Discusiones sobre ellos han sido hechas por MURRAY
(1972), BUSH (1975) y ENDLER (1977), entre otros. Una comprensiva revisión
de la mayoría de los modelos existente es la de WHITE (1978).
Nuestra
aproximación a la especiación parte, en primer lugar, del interés que
reviste el tema para los taxónomos que trabajan con invertebrados en general
y con los cavernícolas en particular. En insectos y otros numerosos grupos
de invertebrados es claro que ha ocurrido una abundante especiación durante
su exitosa radiación adaptativa. Considerando el elevado número de especies
existentes (aproximadamente 1,2 millones de especies descritas y más de
10 millones de especies estimadas aún por describir) y lo que es conocido
sobre su parentesco filético, es claro que muchos millones de eventos
de especiación han tenido que ocurrir. Además, como los invertebrados
son organismos primariamente de reproducción sexual y biparentales, cabe
preguntar si estos millones de eventos han sido producidos por una interrupción
del flujo de genes del tipo postulado por el modelo alopátrico (creación
de barreras geográficas), o bien, si otros modelos pueden proveer explicaciones
más reales y plausibles y en tal caso, qué datos pueden ofrecer éstos
en términos de probar cada modelo. En segundo lugar, debido a que el karst
o los sistemas de cuevas (en otras litologías) ocupan un volumen, la consideración
puramente geográfica de si las distribuciones son contiguas o yuxtapuestas
puede ser irrelevante, ya que la yuxtaposición horizontal puede resultar
contigua verticalmente. Más bien lo que interesa discernir es si la especiación
en cavernícolas puede ocurrir por la existencia de más de un modo de especiación,
ya que de ello emergen visiones diferentes sobre cómo procede la adaptación
y la evolución cavernícolas. En tercer lugar, puede resultar más útil
mirar la especiación en término de flujo de genes (y no de distribuciones
geográficas) y analizar qué puede causar su interrupción. La creciente
evidencia aportada por investigaciones de campo, análisis filogenéticos,
genéticos y ecológicos, experimentos de laboratorio y modelos teóricos,
sugieren que el establecimiento de barreras reproductivas pre-cópula resulta
crucial en el proceso de especiación y que éste ocurre frecuentemente
por modos no-alopátricos.
Con la introducción de nuevas técnicas se ha hecho visible que existe
una alta variabilidad genética y altos niveles de polimorfismo genético
y de heterocigosis en poblaciones naturales. Una revisión de LEWONTIN
(1974) concluye que la preponderancia de diferencias genéticas entre especies
cercanamente relacionadas está latente en el polimorfismo existente dentro
de las especies. Esta variabilidad difiere marcadamente de un grupo zoológico
a otro y es mucho mayor en invertebrados que en vertebrados (WHITE, 1978).
También se ha establecido que las frecuencias génicas son heterogéneas
a lo largo del área de distribución de una simple especie. Tal variación
espacial es un carácter tanto de poblaciones contiguas como disyuntas.
ENDLER (1977) establece que la interrupción o reducción del flujo de genes
puede acelerar la diferenciación, pero no es necesaria para alcanzar la
especiación. En este sentido cabe considerar dos aspectos: qué grado de
extensión alcanza el flujo de genes en poblaciones naturales y qué grado
de influencia tiene el flujo de genes como fuerza cohesiva.
Un ejemplo interesante lo suministran los experimentos de laboratorio
efectuados sobre clinas de Drosophila (ENDLER, 1974; 1977): 15 demes de
Drosophila fueron dispuestos para estudio; las clinas resultantes de la
frecuencia génica de un gen marcador fueron seguidas a lo largo de 35
generaciones. Fue hallado que no existían diferencias significativas entre
las clinas con hasta 40% de flujo de genes y aquéllas sin flujo génico.
Todo ello sugiere que bajo fuerte presión de selección en cada deme, la
diferenciación es posible, incluso cuando existe un flujo de genes tan
alto como del 40%. Los resultados experimentales y los modelos teóricos
muestran que es posible por diferenciación local evolucionar parapátrica
o simpátricamente, a pesar de existir un considerable flujo de genes,
si los gradientes de selección entre poblaciones contiguas son uniformes
o si la presión selectiva es fuerte.
Si una marcada diferenciación puede originarse tanto en poblaciones continuas
como disyuntas, ¿cuál de estos dos sets de situaciones tiene mayor significado?.
HAMMOND (1981) ha hallado en insectos que la disyunción que no va acompañada
por una diferenciación observable es, sorprendentemente, bastante común,
mientras que el monomorfismo en poblaciones continuas de amplia distribución
es relativamente raro. Por lo que concluye que tanto la distancia como
la disyunción pueden ser responsables de la diferenciación observada en
poblaciones naturales.
MAYNARD SMITH (1966) y otros autores han explorado -por medio de modelos
matemáticos- las condiciones bajo las cuales la selección natural en un
ambiente heterogéneo puede conducir al polimorfismo genético. El tipo
de polimorfismo multi-nicho (o multi-habitat) que la investigación de
Maynard Smith sugiere que puede formarse en simpatría ha sido hallado
en poblaciones naturales, como p.ej. en las poblaciones de insectos estudiadas
por HALKKA (1978) y WILSON (1989). La selección frecuencia-dependiente
es responsable de tal polimorfismo y la correlación entre los morfos y
los distintos tipos de nicho (o de habitat) resulta naturalmente en el
establecimiento de muy diferentes frecuencias de alelos en las distintas
subpoblaciones, a pesar de que los morfos se han formado en simpatría.
Otro tipo de divergencia, para la cual hay buena evidencia de su origen
simpátrico, es la exhibida por las razas-hospedador (u otras razas biológicas)
que ocurren en la naturaleza simpátricamente. Las razas-hospedador, las
cuales se han formado rápidamente en tiempos históricos recientes, son
conocidas en diversos grupos de insectos. Particularmente han sido estudiadas
por BUSH (1975) en moscas Tephritidae que son plagas de variedades de
árboles de manzanas introducidas en USA a partir de 1860. Sobre las variedades
de plantas se han diferenciado en menos de 100 años nuevas formas de moscas
de las frutas. Bush destaca que el proceso ocurre en simpatría, por simple
deriva de hospedador, y que la variación genética necesaria para establecer
una nueva raza-hospedador está presente en la población parental, incluso
antes de que aparezca en escena un nuevo hospedador. A la vez, muestra
clara evidencia de que tanto el hospedador como el sitio de cópula están
ligados estrechamente y están controlados genéticamente, teniendo lugar
la cópula en los frutos de la planta-hospedador. En aquellas instancias
en que la cópula no está tan estrechamente ligada al hospedador, Bush
concluye que una diferencia de tiempo en el momento de cópula, asociada
a un cambio de hospedador, pueden generar también la divergencia simpátrica.
Una importante característica del modelo simpátrico de razas-hospedador
es que sólo son requeridos unos pocos cambios en los loci claves de algún
gen para permitir el contacto con el nuevo hospedador. El proceso no es
iniciado por una "revolución genética" y la diferenciación asociada a
un nuevo nicho ecológico no es más que su continuación (HUETTEL & BUSH,
1972). Las diferencias genéticas entre razas-hospedador pueden ser vistas
como la formación -in statu nascendi- de nuevas especies. La deriva simpátrica
de este tipo puede también darse por cambio de habitat y casos similares
de formación de razas-habitats (por deriva a habitats de reciente formación)
han sido documentados para diversos invertebrados (DIEHL & BUSH, 1989);
BUSH (1994) presenta un resumen de los resultados obtenidos en este sentido
por los estudios de Stanhoppe et al. (1993), Carroll & Boyd (1992) y Vouidibio
et al. (1989). Este origen simpátrico de nuevas especies por cambio de
habitat o de nicho ecológico es probablemente uno de los principales factores
involucrado en la alta diversidad que presentan los ecosistemas tropicales
y en la co-evolución entre insectos y plantas, por lo que la divergencia
y especiación simpátrica -vía una deriva de habitat- puede ser muy común.
En la especiación de los cavernícolas muy probablemente operan derivas
de este tipo, pudiendo ser iniciada la divergencia por diferencias en
la elección del biotopo de cópula o del momento de cópula, ya que este
último suele estar correlacionado positivamente con la disponibilidad
de alimento y condiciones ecológicas favorables, las cuales son distintas
en los ambientes epígeos e hipógeos.
La partenogénesis y la poliploidía pueden intervenir dando origen a tipos
especiales de especiación. La partenogénesis ocurre en muchos grupos animales
y plantea diversas dificultades filosóficas al biólogo. Los sistemas sexuales
no son universales. BLACKMAN (1981) ha colocado al sexo en su verdadero
contexto, el de ser un poderoso facilitador de la evolución, discutiendo
luego las implicaciones de un sistema de vida asexual. Cuando la partenogénesis
es combinada con los procesos sexuales, en aquellos organismos que poseen
una alternancia de generaciones uniparental y biparental, las implicaciones
evolutivas son algo diferentes
.
La especiación por poliploidía (GIBBY, 1981), ampliamente predominante
entre plantas pero también presente en animales (sobre todo en insectos),
es particularmente interesante e informativa, ya que involucra la aparición
repentina de nuevas especies -inambiguamente- en el área de distribución
de las existentes (simpatría). La exitosa formación de una especie poliploide
casi siempre involucra la hibridización entre dos especies parentales,
por lo que la nueva forma se inicia con un único, altamente heterocigótico
(y por implicación, altamente adaptativo) genoma.
WHITE
(1978) también ha destacado el papel que juegan los rearreglos cromosómicos
en iniciar la divergencia. Su modelo "estasipátrico" provee una convincente
explicación de cómo surgen razas parapátricamente distribuidas en insectos
ortópteros de la familia Morabinae. Este modelo fue desarrollado a partir
de estudios citológicos y taxonómicos y parece que puede ser aplicable
a grupos de organismos de baja vagilidad y estructura genética poblacional
similar a la de los Morabinae, tal como saurios y roedores. El modelo
estasipátrico de White involucra la generación de rearreglos cromosómicos
(en su mayoría fusiones y fisiones de segmentos cromosómicos), dando homocigotos
adaptativamente superiores y heterocigotos inferiores. Las poblaciones
en las cuales se establece el rearreglo adoptan una distribución parapátrica
con respecto a la población parental.
La
idea de que el aislamiento reproductivo puede ser desarrollado gradualmente
e impulsado por la selección natural es tan antigua que se remonta a A.R.Wallace.
La premisa esencial es muy simple. Si hay más de un fenotipo favorecido
por la selección, los intermedios tendrán más baja eficiencia, y entonces
la selección natural tenderá a eliminar a los "híbridos". Cualquier desventaja
post-cópula de los híbridos deberá así favorecer el desarrollo de barreras
a la cópula heterogamética. Más específicamente, si los heterocigotos
tienen una desventaja comparados con los homocigotos, entonces cualquier
gen que cause una reducción de la frecuencia de los heterocigotos será
favorecido sobre otros genes que no tengan efecto en la preferencia de
cópula. El desarrollo de barreras reproductivas de este modo, ha sido
llamado "Efecto Wallace". Un importante punto a destacar es que una selección
de este tipo no es una selección para el desarrollo del aislamiento reproductivo
como tal, sino una selección contra las cópulas heterogaméticas.
Varios estudios experimentales (listados por ENDLER, 1977) han empleado
éxitosamente selección artificial para producir cópulas electivas. Bajo
intensa selección, pueden ser producidas muy rápidamente barreras pre-cópula.
Sin importar lo equívocos que puedan considerarse los resultados de tales
experimentos (en comparación con lo que ocurre en la Naturaleza), ellos
permiten una clara conclusión: existen recursos genéticos para explicar
el Efecto Wallace. Basados en la desventaja post-cópula de los híbridos,
los modelos de ENDLER (1977) demuestran cómo en determinadas circunstancias
un gen puede propagarse hasta su fijación.
Otros
modelos matemáticos han explicado también el importante efecto que la
heterogeneidad ambiental tiene sobre la estructura genética de las poblaciones
y como ésta puede generar polimorfismo. DICKINSON & ANTONOVICS (1973)
han mostrado que para un simple gen A (no dominante) controlando un carácter
bajo selección disruptiva, con presiones de selección sobre los genotipos
AA, Aa y aa = 0,8, con flujo de genes 0,3 y con grado de cópulas electivas
0,9, el completo aislamiento reproductivo es logrado en tan poco como
18 generaciones. A pesar de los admitidos supuestos que el modelo contiene,
los autores concluyen que éste provee una inequívoca demostración de que
la especiación simpátrica es posible.
La
selección que favorece cópulas electivas no es el único modo en que pueden
generarse barreras reproductivas pre-cópula en poblaciones continuas.
En discusiones teóricas sobre la divergencia y la especiación simpátricas
MAYNARD SMITH (1966) ha mostrado que los cambios en la frecuencia de cópula,
resultantes de la "selección de habitat", son también posibles modos por
medio de los cuales puede desarrollarse el aislamiento reproductivo. La
selección de habitat, en este contexto, es la ocurrencia preferencial
de un genotipo en el habitat o nicho para el cual es más eficiente. Cuanto
más discretos son los nichos de los genotipos (espacial o temporalmente),
mayor será la tendencia a que se desarrolle una separación reproductiva
pre-cópula. Este proceso tiene mucho en común con el modelo de BUSH (1975,
1994) de razas-hospedador (o razas-habitat). Pero aquí el énfasis es puesto
en el desarrollo gradual de barreras reproductivas pre-cópula, como corolario
de una progresiva selección de habitat (no necesariamente un diferente
hospedador o un diferente biotopo). El papel jugado por el alto stress
ambiental del habitat subterráneo sobre los organismos cavernícolas (HOWARTH,
1993) sería un proceso similar al descrito; la selección y divergencia
se producen al invadir un nuevo habitat en el cual las presiones de selección
son muy fuertes, debido a la adversidad del medio.

Una
distinción ha sido hecha entre las instancias donde la especiación es
completada en aislamiento del flujo de genes y otras donde al menos persiste
una cierta cantidad de contacto genético hasta el momento en que la especiación
es completada. Considerando la especiación en términos de flujo de genes
(y no de distribuciones geográficas) puede decirse que existen tres modos
posibles de especiación: (1) Siguiendo un período de diferenciación, el
aislamiento reproductivo es alcanzado por el perfeccionamiento de barreras
reproductivas en presencia de flujo de genes. (2) Siguiendo un período
de diferenciación, el aislamiento reproductivo es alcanzado en inmunidad
ante el flujo de genes. (3) La ruptura irreversible del flujo de genes
produce un aislamiento reproductivo "instantáneo", como en el cambio de
ploidía. Este es -teóricamente- sinónimo de especiación, pero las nuevas
especies sólo serán reconocidas como tales si ellas sobreviven lo suficiente
como para exhibir un cierto grado de diferenciación.
La mayoría de los modelos de especiación simpátrica y parapátrica claramente
conforman el Modo 1, al igual que los modelos que involucran selección
de hospedador o de habitat. Mientras que la especiación alopátrica en
su estricto sentido conforma el Modo 2. El cambio de ploidía conforma
el Modo 3. Nótese que la subdivisión de un pool de genes por disyunción
geográfica -alopatría- aunque es completa, siempre es potencialmente reversible.
Los rearreglos cromosómicos implican una subdivisión parcial pero generalmente
irreversible, mientras que la distancia (como en una clina) siempre es
parcial y potencialmente reversible. Por ello, las poblaciones en las
cuales la diferenciación está ocurriendo tienen un futuro incierto; la
reversión de barreras parciales o temporales al flujo de genes puede reunir
de nuevo muchos segregados divergentes a su población parental, por lo
que la diferenciación en sí misma no es necesariamente divisiva. Para
que se complete el proceso de especiación es necesario que se alcance
el aislamiento reproductivo, el cual comprende el estado final en todos
los casos, es decir, la ruptura completa e irreversible de la continuidad
genética.
Podemos
concluir que la percepción actual entre numerosos investigadores es la
de que los modos de especiación simpátrico y parapátrico (además del alopátrico)
son un significativo modo en que la especiación ocurre en la Naturaleza,
particularmente entre ciertos grupos de organismos muy ricos en especies,
como insectos, arácnidos y nemátodos (SCUDDER, 1974; BUSH, 1975, 1994;
WHITE, 1978; KONDRASHOV & MINA, 1986; TAUBER & TAUBER, 1989; OTTE & ENDLER,
1989). La ocurrencia e importancia de la especiación simpátrica es reforzada
por la distribución taxonómica de los casos propuestos. Entre los animales,
una muy alta proporción se origina en los insectos (BUSH, 1975; KONDRASHOV
& MINA, 1986; OTTE & ENDLER, 1989) y entre peces y moluscos (MC KAYE,
1980; DAVIS, 1982; ECHELLE & KORNFIELD, 1984; GITTENBERGER, 1988; MEYER,
1989; WILSON, 1989). Pocos ejemplos vienen de aves o mamíferos y éstos
frecuentemente están asociados a rearreglos cromosómicos; una notable
excepción son los pinzones de cactus de la Isla Genovesa, en Galápagos
(THORPE, 1945; GRANT & GRANT, 1979). Esta disparidad explica en parte
los distintos puntos de vista de biólogos que trabajan con distintos grupos
zoológicos. En la actualidad, existe sustancial información tanto de que
la especiación simpátrica tiene un papel predominante en insectos (el
grupo más numeroso de organismos) como de que el aislamiento por barreras
geográficas no es un prerequisito para la especiación (BUSH, 1975, 1994;
ENDLER, 1977, 1989; TEMPLETON, 1980; BARTON & CHARLESWORTH, 1984; BUSH
& HOWARD, 1986; KONDRASHOV & MINA, 1986; FEDER et al., 1988; MC PHERON
et al., 1988;).
3.
Especiación en cavernícolas
En los apartados anteriores hemos visto que los modos de especiación simpátrico
y parapátrico no sólo son posibles sino que alcanzan una gran significación
en los grupos de organismos más numerosos en especies (invertebrados).
También ha sido destacado que la diferenciación y especiación son posibles
en presencia de flujo génico, y que bajo fuerte presión de selección puede
ocurrir incluso cuando el flujo de genes es considerable.
En el caso de los cavernícolas, que en su mayoría son invertebrados, los
procesos no-alopátricos seguramente están ampliamente extendidos. Los
factores involucrados en su adaptación y especiación pueden ser múltiples.
La selección natural en un ambiente heterogéneo conduce al polimorfismo
genético de tipo multi-nicho o multi-habitat. En estudios con cavernícolas
(sobre todo anfípodos, colémbolos y peces) ha sido demostrado que las
poblaciones hipógeas y epígeas se adaptan de distinto modo a los distintos
habitats y biotopos, y que esta adaptación es diferencial y promueve la
divergencia y la evolución troglomorfa (CHRISTIANSEN, 1985; HÜPPOP, 1985;
HOWARTH, 1987; KANE & CULVER, 1991; MATHIEU & TURQUIN, 1992). El paso
del medio epígeo al hipógeo a través de ambientes transicionales puede
proceder más o menos rápidamente, pero siempre involucrando fases, pasos
graduales o etapas, en las cuales la adaptación al ambiente profundo de
las cuevas representa el punto extremo de la evolución troglomorfa. Cambios
rápidos pueden ser promovidos por factores como: paedomorfosis, neotenia,
alto stress determinado por la severidad de las condiciones ambientales,
etc. En todo caso, el ambiente hipógeo debe ser visto como un medio con
gran potencial para favorecer los cambios genéticos.
Cabe
destacar que la paedomorfosis y neotenia son fenómenos frecuentes en cavernícolas
y han sido señalados desde fechas tempranas, particularmente en urodelos,
peces, crustáceos e insectos (POULSON, 1963; VANDEL, 1965; BRANDON, 1971;
BESHARSHE & HOLSINGER, 1977; MATSUDA, 1982; HOWARTH, 1986). En estos casos
los organismos modificados mantienen caracteres juveniles de las formas
ancestrales en el estado adulto. El proceso, que puede afectar a órganos
aislados o a la totalidad del organismo, involucra una divergencia rápida
y global de la nueva forma cavernícola. Cambios paedomórficos ocurren
inambigüamente en simpatría, como ha sido documentado particularmente
para fauna intersticial (SCHMINKE, 1981; NEWMAN, 1983; WESTHEIDE, 1987;
DANIELOPOL & BONADUCE, 1990). Posteriormente puede ocurrir especiación
alopátrica por aislamiento pasivo, debido a la fragmentación del habitat
p.ej. por regresiones marinas (STOCK, 1980; BOUTIN & COINEAU, 1990), lo
que ha dado lugar a numerosos ejemplos de vicarianza. Sin embargo, obsérvese
que el resultado vicariante es posterior al momento en que ocurre la especiación
que da origen a la forma intersticial, y que este evento primario ocurre
a través de una activa colonización del medio subterráneo por los organismos,
sin intervención de barreras geográficas, es decir, por modos de especiación
no-alopátricos.
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La
evolución troglomorfa puede implicar no sólo un único evento de
especiación, sino más bien un proceso múltiple y progresivo, en
el cual pueden ocurrir varios eventos de diferenciación y especiación
(asociados a los cambios de biotopo) tanto en el paso de una forma
epígea a troglófila, como en el de una forma troglófila o transicional
a troglobia; la evolución filética posterior puede incluir episodios
de fragmentación del habitat y multiplicación de especies, asociados
al progreso de la karstificación o a cambios geomorfológicos y climáticos.
Eventos vicariantes pueden ocurrir varias veces en sucesivas épocas
de la entera historia de un linaje. En nuestra opinión, la evolución
cavernícola está comandada por una activa colonización del medio
subterráneo, siendo el aislamiento pasivo (alopátrico) un factor
eventual y posterior en el tiempo; aunque sin descartar que en algunos
casos pueda actuar simultáneamente o de modo combinado a lo largo
de la entera historia evolutiva.
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Entre los principales procesos que operan en la especiación de cavernícolas,
la deriva simpátrica es fundamental. La idea de que el aislamiento reproductivo
se puede desarrollar gradualmente por selección ("Efecto Wallace") ha
sido probada por estudios experimentales y por modelos como los de ENDLER
(1977) y DICKINSON & ANTONOVICS (1973), y es muy similar a la idea de
la deriva de habitat de HOWARTH (1986). Aunque sin explicitar los mecanismos
involucrados, CHAPMAN (1986) y GALAN (1982; 1995) también han sugerido
una idea de este tipo.
ENDLER (1977) y BUSH (1975; 1994) han enfatizado que el aislamiento reproductivo
(especiación) puede ser alcanzado por el perfeccionamiento progresivo
de barreras reproductivas, bien sea a través de selección que favorece
cópulas electivas o bien a través de otros mecanismos intrínsecos pre-cópula,
y que éstas pueden ser formadas durante el proceso de adaptación a un
nuevo habitat. Bajo intensa selección la especiación simpátrica puede
ocurrir rápidamente y el inicio de la especiación a través de una deriva
de habitat requiere pocos cambios genéticos (BUSH, 1994). La adversidad
del ambiente profundo de las cuevas y el alto stress ambiental ejercido
sobre los organismos cavernícolas (GALAN, 1993; HOWARTH, 1993) proveen
suficiente potencial selectivo para que la especiación en cavernícolas
ocurra de este modo (simpátrica y/o parapátricamente), preferentemente
o en la mayoría de las ocasiones.
Estos mecanismos pueden comprender factores de evitación de cópula que
impliquen separación espacial o temporal, como diferencias de lugar o
tiempo de cópula. La asincronía que evita la copulación entre las poblaciones
que están diferenciándose puede desarrollarse como corolario de la especificidad
de sitio para realizar otras actividades (alimentación o pupación p.ej.,
frecuente en insectos). Los factores temporales pueden involucrar diferencias
cíclicas, estacionales o diarias; la pérdida de los ciclos más comunes
en los cavernícolas o su mayor sincronización con el ciclo hidrológico
del karst p.ej. pueden operar de este modo, con el resultado simple de
favorecer la cópula homogamética o evitar la heterogamética. La divergencia
de nicho tenderá a producir un comportamiento divergente que irá siendo
acompañado por diferencias de lugar o tiempo de cópula. Esto ha sido sugerido
p.ej. por ANDRIANI (1990) y GALAN (1995) para la diferenciación de poblaciones
hipógeas y epígeas de peces Trichomycterus y Symbranchus en cuevas de
Venezuela.
También
pueden estar involucrados factores de rechazo o evitación de cópula, particularmente
los que envuelven diferencias en SMRS (sistemas de reconocimiento de cópula
específicos), como diferencias en atractivos químicos, feromonas y señales
de cortejo. En muchos casos, el mecanismo primario de aislamiento entre
poblaciones simpátricas es alguna clase de específico "sex appeal". El
desarrollo de señales y respuestas (o falta de respuesta) específicas
en el proceso de cortejo o de atracción de copuladores potenciales actúa
de este modo. Los comportamientos especie-específicos son muy frecuentes
en diversas clases de animales inmediatamente antes o durante el cortejo.
Particularmente significativas entre cavernícolas serán las señales táctiles
intercambiadas en proximidad. SMRS que involucran discriminación táctil
poseen gran especificidad y diferencias marcadas de este tipo son desarrolladas
en simpatría. La idea de que las estructuras sexuales secundarias de los
machos en insectos pueden estar involucradas directamente en barreras
reproductivas pre-cópula son muy antiguas y datan de la época de Dufour,
en 1844. El reconocido bioespeleólogo JEANNEL (1955) efectuó una elucidadora
investigación en coleópteros sobre este tipo de variación en las características
sexuales secundarias de los machos y llegó a la conclusión de que muchos
de estos caracteres debían estar envueltos en la separación pre-cópula
de las especies. Lo más significativo de las diferencias en los caracteres
de reconocimiento táctil entre poblaciones simpátricas es que éstas son
de un tipo muy simple en su diseño y de fácil discriminación. Los caracteres
de reconocimiento táctil están situados frecuentemente en el apex abdominal,
la genitalia o las patas; son característicos las prominencias, ganchos,
lóbulos divididos, proyecciones o incisiones en ángulo, combas, agrupamientos
de pelos y sedas, y manchas texturales, en diversas combinaciones, que
pueden ser rápida y fácilmente detectadas por sensores mecánicos simples.
La investigación entomológica ha aportado numerosa información para sustentar
que las diferencias en SMRS suelen ser completamente efectivas para asegurar
la separación reproductiva pre-cópula de especies simpátricas cercanamente
relacionadas (HAMMOND, 1972; ENDLER, 1977).
Esto
también ha sido mostrado para anfibios y otros grupos (BLAIR, 1964; ENDLER,
1977). Otros mecanismos de separación reproductiva pueden incluir factores
de incompatibilidad de cópula, es decir, todo tipo de impedimentos a la
fertilización no-comportamentales ni de evitación. En invertebrados puede
ocurrir una variada gama de incompatibilidades estructurales. La apropiada
deposición de esperma puede ser impedida por la forma del endofalo del
macho o de la bolsa copulatriz de la hembra, por la longitud y forma de
las estructuras flagelares del macho, por la posición y estructura de
la espermateca de la hembra, o por la estructura del espermatóforo. La
divergente adaptación a distintos biotopos, particularmente en simpatría,
normalmente desemboca en diferencias morfológicas que entrañan diferencias
estructurales de este tipo. Ha sido sugerido que algunos factores de este
tipo pueden ser productos incidentales de la diferenciación que acompaña
y sigue a la especiación (y no un desarrollo previo para construir el
aislamiento reproductivo); sin embargo, desarrollos divergentes inusuales
son encontrados, precisamente, en pares de especies simpátricas; si éstos
son el resultado de selección contra cópulas heterogaméticas o no, es
algo que queda por resolver; por lo que ambas posibilidades quedan abiertas:
pueden ser caracteres adquiridos antes de la especiación o bien pueden
ocurrir en pools de genes ya separados por una efectiva barrera post-cigótica.
El punto crucial para demostrar que el desarrollo de una barrera pre-cigótica
no es un fenómeno post-especiación es que ella no siempre está suplementada
por barreras post-cópula totalmente efectivas (HAMMOND, 1981). En anuros
e insectos ha sido encontrado que los casos de pares de especies simpátricas
que se hibridizan en la Naturaleza son raros, mientras que son comunes
los casos en que pueden ser cruzadas éxitosamente cuando las barreras
pre-cigóticas se rompen bajo condiciones de laboratorio; así las barreras
post-cópula entre especies simpátricas del mismo grupo son más frecuentemente
inefectivas que efectivas (MECHAM, 1961).
La evidencia disponible actualmente sugiere que factores como los anteriormente
comentados juegan un papel en la construcción de barreras intrínsecas
pre-cópula. Muchas de ellas exhiben señales de específica adaptabilidad
y, por tanto, pueden ser frecuentemente responsables de la separación
reproductiva y especiación simpátrica-parapátrica en cavernícolas. BUSH
(1994) agrega la opinión de que, en subpoblaciones que se están adaptando
a diferentes habitats, la deriva de habitat en respuesta a selección divergente
puede ser improvisada de este modo, y la adquisición de diferencias genéticas
puede ser comandada por factores ligados a la preferencia de habitat o
a cualesquiera otros que incrementen la eficiencia en el nuevo ambiente.
A través de modelos teóricos y simulaciones de computador Bush demuestra
la existencia de una respuesta correlacionada entre selección de habitat
y mecanismos pre-cópula de aislamiento en simpatría. Estos modelos indican
que la formación de razas y especies simpátricas puede ocurrir cuando
los individuos con fuerte dependencia de habitat y específicos comportamientos
de cópula experimentan superior fitness sobre los genotipos de menor o
intermedia fitness, en el nuevo habitat. Tal conclusión, que es válida
para la especiación simpátrica en general, es particularmente aplicable
a cavernícolas, ya que la deriva de habitat y la adaptación al medio hipógeo
se desarrollan bajo fuerzas ambientales selectivas particularmente fuertes,
tal como ha sido comentado al describir la adversidad del medio y las
condiciones de alto stress que frecuentemente se presentan en el ambiente
profundo de las cuevas.
Un aspecto adicional sobre la factibilidad y predominio del desarrollo
de barreras reproductivas de cara al flujo de genes es aportado -inversamente-
por la dificultad de concebir una explicación general en términos alopátricos.
Las inferencias basadas en presumir la existencia de un pasado evento
vicariante, que pudo no haber ocurrido nunca, deberían ser examinadas
críticamente. Además, ya ha sido comentado que la existencia de claros
ejemplos de vicarianza en cavernícolas no constituye materia probatoria
para sustentar el modelo alopátrico, ya que frecuentemente son eventos
post-especiación. Los casos en los que realmente existe evidencia paleogeográfica
consistente con el momento de especiación son muy escasos y siempre tienen
el carácter de hechos inferidos pero no probados.
Concebida la evolución de los organismos cavernícolas como un proceso
multietapas, es lógico suponer que a lo largo de su desarrollo histórico
pueden haber ocurrido varios eventos de especiación y -si existe evidencia-
pueden también estar intercalados eventos vicariantes. El proceso global
es progresivo, y su etapa final es el acentuado troglomorfismo existente
entre los cavernícolas, en los más diversos grupos zoológicos. El inicio
del proceso puede tener muy diversa antigüedad, variable en cada caso;
mientras que la relictualidad como resultado es muy frecuente en las zonas
templadas y más bien rara en la zona tropical. Recientemente ha sido propuesta
una hipótesis estrictamente alopátrica que postula que las fluctuaciones
paleoclimáticas en los trópicos serían responsables de la especiación
y evolución de los cavernícolas tropicales (TRAJANO, 1995). Aparte de
los numerosos supuestos que contiene el modelo, nosotros hemos discutido
con ejemplos de fauna cavernícola de Brasil y Venezuela la inconsistencia
de las predicciones derivadas del mismo (GALAN, 1995; 1996).
Durante el Pleistoceno hay evidencias de la ocurrencia de fluctuaciones
paleoclimáticas en los trópicos y en particular en el norte de Sudamérica
y el Caribe; ésta ha sido revisada por SCHUBERT (1988), quien indica una
escasa oscilación térmica en las zonas bajas tropicales (2-3ºC) y descensos
en la cantidad de lluvia del orden de 700 mm o más en algunas zonas, generando
una alternancia irregular de condiciones áridas y húmedas, no sincrónicas.
Es decir, mientras en algunas localidades hay períodos de aridez, simultáneamente
hubo climas más húmedos en otras localidades. Las fluctuaciones asociadas
al glaciarismo Cuaternario en los trópicos fueron complejas en sus detalles
y a menudo faltan dataciones adecuadas de los eventos registrados, por
lo que no se trata de una simple alternancia de fases secas y húmedas,
glaciares e interglaciares. Por otra parte, la teoría de los "refugios"
en Sudamérica, propuesta inicialmente por HAFFER (1970, 1974) para explicar
en términos de especiación alopátrica la distribución de algunos grupos
de aves, se ha mostrado inconsistente y especulativa, ya que ha sido derrumbada
con ejemplos de otros grupos zoológicos, particularmente herpetofauna
(un grupo con mayor sensibilidad ecológica y mayores restricciones para
sus desplazamientos) (Ver p.ej. GORZULA, 1992; DUELLMAN & HOOGMOED, 1992).
Hoy es claro que muchas zonas postuladas o no como refugios experimentaron
fluctuaciones (RULL, 1991), pero la información disponible es puntual
y difícilmente correlacionable, a la vez que ninguna de las clasificaciones
sucesivamente propuestas ha podido dar cuenta simultáneamente de las distribuciones
faunísticas encontradas.
La aplicación de la teoría de los refugios de Haffer y la presunción de
que la especiación sólo puede proceder en cavernícolas alopátricamente
están implícitas en el modelo de TRAJANO (1995). En nuestra opinión, las
variaciones de humedad en zonas tropicales sí debieron producir diversos
cambios (moderados) en la vegetación y el régimen hidrológico, lo que
puede haber producido cambios graduales en el aporte de nutrientes al
medio hipógeo, generando durante las fases secas condiciones oligotróficas
más acentuadas (tróficamente más adversas) que las existentes en la actualidad,
en algunos casos. Bajo condiciones más fluctuantes y oligotróficas en
las cuevas, las presiones de selección serían más fuertes, y pueden haber
propiciado mayores grados de troglomorfismo en las poblaciones cavernícolas.
La especiación de los cavernícolas fundamentalmente debe haber ocurrido
por modos no-alopátricos, pero sin descartar la alopatría en particulares
ocasiones. Por ejemplo, el avance de la karstificación en un macizo puede
producir eventos rápidos de aislamiento, tanto para la fauna acuática
(captura de ríos, hundimiento del drenaje) como para la terrestre (colapso
de galerías, colmatación local por espeleotemas o sedimentos), pudiendo
generar el aislamiento de poblaciones locales ya adaptadas al ambiente
hipógeo. La fragmentación del habitat puede entonces permitir la evolución
filética, acentuando la divergencia en alopatría, pero nótese que no necesariamente
implica especiación. Lo que desde luego no parece factible (ni existe
evidencia) es de que las fluctuaciones climáticas hayan comandado la especiación
y evolución de los cavernícolas tropicales, ni que éstas se hayan producido
pasivamente.
Un aspecto clave también en hipótesis y modelos estrictamente alopátricos
es que la evolución cavernícola es concebida y conceptualizada de manera
simple, en dos fases: en la primera, una población epígea extiende su
distribución colonizando las cuevas; así genera una población genéticamente
continua, troglófila, porque en parte habita en cuevas y en parte en superficie.
En la segunda, un evento vicariante (formación de una barrera geográfica),
como p.ej. período seco en superficie, aisla la parte hipógea de la población
de la porción epígea; esta fragmentación interrumpe instantáneamente el
flujo de genes entre las dos partes y es sinónimo de especiación (ya que
en el modelo alopátrico éste es el único modo posible de especiación).
La parte hipógea se transforma en troglobia (exclusiva de las cuevas),
mientras que la parte epígea prosigue su divergencia como epígea.
Si
posteriormente la barrera geográfica es eliminada (p.ej. un nuevo período
húmedo), la población epígea se extiende de nuevo hasta estar en contacto
con la hipógea, pero como ambas han divergido genéticamente aisladas,
han acumulado diferencias genéticas que hacen imposible la interreproducción:
se han formado dos especies donde antes sólo había una. Así pués, en la
evolución cavernícola según el modelo alopátrico sólo habría dos fases:
la colonización de las cuevas (origen de los troglófilos) y el aislamiento
alopátrico y especiación (origen de los troglobios). Los conceptos utilizados
son simples y lógicos; y los alopatristas rechazarán toda crítica argumentando
que ésta es la explicación más parsimoniosa. Sin embargo, no deja de ser
una construcción teórica, y quizás una sobre-simplificación. Las predicciones
que pueden derivarse del modelo tampoco lo hacen más demostrable, dado
que las predicciones de modelos alternativos (no-alopátricos) incluyen
la posibilidad de ocurrencia de eventos vicariantes, por un lado, y por
otro, la divergencia y especiación en simpatría producen el mismo resultado.
Por lo cual, un simple análisis del resultado no permite confirmar o rechazar
ninguno de los modelos. Es en este preciso sentido que la formulación
de este tipo de modelos debe ser críticamente examinada.
La creciente información aportada por estudios sobre procesos de especiación
no-alopátricos (KONDRASHOV & MINA, 1986; WILSON, 1989; TAUBER & TAUBER,
1989; GALIANA et al., 1993; BUSH, 1994; entre otros) y sobre la adaptación
y evolución de cavernícolas (HÜPPOP, 1986; DANIELOPOL & ROUCH, 1991; KANE
& CULVER, 1991; MATHIEU & TURQUIN, 1992; HOWARTH, 1986, 1993; GALAN, 1993,
1995; entre otros), suministran suficiente evidencia para concebir procesos
más reales y complejos, en los cuales la deriva de habitat, la adaptación
a los ambientes subterráneos y la especiación con flujo de genes están
presentes, estando la evolución troglomorfa comandada por una activa colonización
de los organismos. El troglomorfismo resultante se revela como un proceso
convergente y paralelo, influido por selección natural y estrechamente
dependiente de las severas condiciones ecológicas en el ambiente profundo
de las cuevas.
4.
El sistema Schiner-Racovitza re-defindo
La
clasificación ecológica de los organismos cavernícolas requiere, en primer
lugar, considerar el ecosistema hipógeo como un sistema abierto, en continuidad
física con otros ambientes transicionales y, en segundo lugar, con una
zonación progresiva entre la superficie y la región subterránea más profundamente
incluida en la roca-caja y en el subsuelo. Los sistemas de cavernas (el
karst típico en rocas solubles y las cavernas en otras litologías) constituyen
la región más profunda de la corteza terrestre con sistemas de vacíos
habitables por seres vivos. También existen vacíos intergranulares en
sedimentos inconsolidados (que pueden llegar a tener gran espesor), pero
éstos suprayacen geomorfológicamente a los terrenos de roca compacta.
La zonación más sencilla de las cavernas comprende tres ambientes: el
ambiente superficial (zona de entrada y zona transicional), el ambiente
intermedio (zona aireada) y el ambiente profundo ("deep cave" o zona de
aire en calma). Algunos medios transicionales (como MSS, crevicular-edáfico,
e intersticial hyporheico) pueden desempeñar -para algunos organismos-
un papel ecológico equivalente al del ambiente intermedio; mientras que
otros medios transicionales (edáficos, creviculares muy superficiales,
biotopos crípticos húmedos y oscuros epígeos) pueden jugar un papel similar
al del ambiente superficial.
Considerando esta zonación, las tres categorías clásicas del sistema Schiner-Racovitza
pueden ser redefinidas del siguiente modo:
1.
Troglobios. Especies que completan su ciclo de vida y están adaptados
al ambiente profundo de las cuevas. Algunas especies en algunas ocasiones
pueden también habitar en medios transicionales (como MSS, intersticial
o ambiente intermedio). Morfológicamente pueden ser reconocidos por presentar
un alto grado de troglomorfismo, significativamnente mayor que el de otros
miembros no-troglobios de sus respectivos grupos taxonómicos. Por ello
requieren una adecuada comparación de caracteres con sus más próximos
relativos.
2.
Troglófilos. Especies que completan su ciclo de vida y están adaptados
al ambiente intermedio de las cuevas, pero también pueden frecuentar habitats
transicionales próximos (como la zona de entrada y ambientes crípticos
epígeos). Eventualmente pueden ingresar al ambiente profundo, pero normalmente
no completan su ciclo de vida en él. Pueden ser reconocidos por presentar
menores modificaciones anatómicas; su grado de troglomorfismo es menor
que el de los troglobios (muchos son microftalmos, ligeramente depigmentados
y de morfología robusta, mientras que los troglobios de sus grupos son
anoftalmos, depigmentados y muy estilizados), pero mayor que el de sus
epígeos relativos. En ocasiones mantienen poblaciones hipógeas y epígeas,
pero pueden también estar restringidos al medio hipógeo. Con frecuencia,
existen poblaciones hipógeas de la especie en unas regiones, mientras
que en otras son conocidas poblaciones epígeas en habitats crípticos o
transicionales.
3.
Troglóxenos. Frecuentan las cuevas y generalmente sólo completan en
ellas una parte de su ciclo de vida. Normalmente habitan en el ambiente
superficial, pero pueden también ingresar en el intermedio (de modo temporal
o cíclico). Suelen habitar también en biotopos epígeos húmedos y oscuros
(abrigos y grutas superficiales, bloques de roca y lugares sombríos, troncos
huecos de árboles, edificaciones en ruinas, etc.). No presentan troglomorfismo,
pero en algunos grupos zoológicos están dotados de mecanismos de orientación
para desenvolverse en oscuridad (ecolocación en quirópteros y guácharos,
órganos táctiles y químicos en arácnidos, quilópodos y peces, etc.). Algunos
grupos pueden mantener poblaciones en el ambiente superficial de las cuevas
de modo regular, si el alimento es suficiente. Esta categoría incluye
también muchas formas accidentales, de los más diversos grupos zoológicos.
Las grandes colonias de vertebrados troglóxenos (quirópteros, vencejos
y guácharos) pueden dar origen a ingentes depósitos de guano. Los cavernícolas
troglófilos y troglobios pueden en parte beneficiarse de esta situación,
bien sea aprovechando directamente detritos orgánicos o bien predando
sobre la fauna que habita en los mismos. Pero estos depósitos, en general,
lo que hacen es crear (en este caso dentro de las cuevas) una biocenosis
adicional. La fauna cuyo ciclo de vida depende del guano es denominada
"guanobia", y dado que su habitat es el guano y no la caverna, no puede
ser considerada propiamente cavernícola (ya que el guano puede ser depositado
en cuevas o en otros medios). Algunos habitantes del guano, lo mismo que
parásitos, presentan reducciones estructurales y depigmentación, pero
estos caracteres no pueden ser considerados troglomorfismos. Aunque han
sido propuestas clasificaciones en relación a la fauna del guano y las
cavernas, las mismas carecen de sentido, ya que confunden dos medios distintos;
lo mismo es aplicable a endo y ecto-parásitos. La esgrimida capacidad
de algunos guanobios para desenvolverse en el habitat subterráneo sólo
hace referencia a una parte de su ciclo de vida (generalmente sin alimentación)
y la capacidad de colonizar nuevos depósitos de guano normalmente depende
de foresis (transporte de adultos o alguna fase larvaria de guanobios
o parásitos por su hospedador o generador de alimento); pero es obvio
que una población guanobia nunca está adaptada a las cavernas, ya que
no puede vivir en ellas si el guano falta, por lo que su presencia debe
ser considerada accidental o especial, aunque en algunos casos pueda mantener
cierta duración en el tiempo.
El uso del sistema Schiner-Racovitza implica algunas restricciones:
(1) El término "troglomorfo" debe aplicarse a un conjunto de caracteres
(anatómicos, fisiológicos y comportamentales) tras adecuada comparación
con formas epígeas o transicionales del mismo grupo zoológico, y no a
caracteres aislados como la depigmentación o anoftalmia.
(2)
El término "troglobio", o "stygobio" para los acuáticos, debe restringirse
a cavernícolas. En ocasiones algunos troglobios pueden presentarse o habitar
en otros habitats transicionales, pero no debe aplicarse el término al
conjunto de la fauna de esos medios (como p.ej. a todos los habitantes
del MSS o del intersticial), ya que se trata de ecosistemas o habitats
distintos. Para evitar confusiones es preferible referir a un organismo
según el habitat en que ha sido hallado, como p.ej. "stygobio" sólo, "stygobio-intersticial",
o "intersticial" sólo; lo mismo puede hacerse para "troglobio" sólo, "troglobio-MSS",
o "MSS" sólo.
Con
un criterio como el expuesto se evita la confusión y se eliminan los agrupamientos
absurdos. Valga como ejemplo el ostrácodo Danielocandona lieshoutae o
diversos hydrachnellos, del intersticial de aluviones de regiones sin
afloramientos kársticos, los cuales son incluidos en la "Encyclopaedia
Biospeologica" entre la fauna cavernícola de Venezuela. Existen diversos
ejemplos de este tipo y, en nuestra opinión, carecen de sentido, ya que
con ese criterio podría incluirse a toda la fauna intersticial y edáfica.
Ello sólo prueba que los representantes de ese grupo zoológico poseen
el potencial biológico para colonizar y diferenciar especies en una serie
de habitats (no sólo cavernas).
5.
Implicaciones taxonómicas
La clasificación ecológica de los cavernícolas y el concepto de especie
y de modos de especiación entre los cavernícolas, tiene también algunas
implicaciones taxonómicas, a las que a continuación haremos referencia.
Una acepción del concepto evolutivo de especie considera que cada especie
existe como tal durante el intervalo de tiempo entre dos eventos de especiación,
por lo que -a diferencia del concepto biológico de especie- no otorga
importancia a la diferenciación morfológica para su definición. Existe
una marcada tendencia entre los adherentes al modelo alopátrico de considerar
a las especies según esta acepción. Como en su visión cada evento de formación
de una especie troglobia se da por aislamiento alopátrico e implica especiación,
los troglobios de separados sistemas de cuevas son considerados especies
(evolutivas) distintas, ya que cada evento de especiación es un evento
evolutivo único. Así, cuando sobre una base taxonómica se encuentra la
misma especie en distintas localidades, los alopatristas considerarán
que se trata de especies distintas (aunque morfológicamente sean indistinguibles)
y no de distintas poblaciones de una única especie. Si el mismo criterio
es aplicado no ya a aislados sistemas de cuevas, sino a la distribución
discontinua de cualquier organismo, los partidarios de la citada acepción
del concepto evolutivo verán a cada segregado como una especie distinta,
es decir, adaptarán la realidad a su concepto teórico. Los taxónomos no
podrán distinguir tal multiplicación de "especies evolutivas", y la existencia
de poblaciones, razas y subespecies de una única especie -según el concepto
biológico de especie- carecerá de valor para los primeros. Esta utilización
del concepto evolutivo de especie ha sido cuestionada por los biólogos
y taxónomos que trabajan en la práctica con organismos concretos, ya que
si las especies no son entidades taxonómicamente distinguibles, todo intento
de clasificación resulta inútil. En realidad, en la Naturaleza existen
individuos, poblaciones, razas y subespecies, es decir, diferencias por
debajo del nivel específico, porque la variación (aunque existe en y entre
especies) no es una gama continua, y es precisamente la función de la
sistemática y de la taxonomía el distinguir tales discontinuidades y el
poner unos límites -si se quiere arbitrarios- para clasificar a los organismos.
En el caso de los cavernícolas, lo que a menudo ocurre en la práctica
es el hallazgo de cierto número de individuos de una especie troglobia
en diversas cuevas. Si estas cuevas forman sistemas aislados unos de otros,
para los que trabajan con el concepto biológico de especie serán distintas
poblaciones de una única especie troglobia y ello no plantea dificultades.
Aunque se entiende que entre las poblaciones separadas no hay actualmente
interreproducción, también se considera que la divergencia entre tales
poblaciones no ha crecido hasta el punto de hacerlas genética y morfológicamente
diferentes, por lo que son tratadas como una simple especie. Si la segregación
espacial desapareciera, y las poblaciones entraran en contacto, se tendría
la ocasión de testar si algo impide la interreproducción, y en tal caso
se podría hablar de especiación (es el caso de las "sibling" especies
o especies gemelas, que es posible distinguir por el bandeado cromosómico
u otras técnicas especiales no utilizadas ordinariamente en taxonomía);
pero si el test no es posible, no hay por qué suponer especiación en tanto
ésta no se traduzca en diferencias discernibles.
Para los alopatristas se plantean algunas dificultades. Si se reconoce
que son poblaciones distintas de una especie, rápidamente tendrán que
decir que ésta no es troglobia, ya que la unidad de la especie -en su
concepción- sólo puede ser mantenida por el flujo de genes y ello implica
que las poblaciones de diferentes sistemas de cuevas están conectadas
a través de poblaciones epígeas "ocultas", que hasta el momento no han
sido descubiertas, y que la existencia de tales poblaciones epígeas hacen
que la especie, por definición, sea una forma troglófila (y no troglobia).
Como alternativa, si no se hace la suposición anterior, los alopatristas
verán a cada población como una especie distinta, pero morfológicamente
indistinguible, y por lo tanto indescribible. Al no poderse describir
taxonómicamente tales supuestas especies, el recurso más fecuentemente
utilizado es referirse a ellas como sp-1, sp-2, sp-3, etc., como frecuente
y crecientemente se aprecia en algunos trabajos publicados. Simultánea
o alternativamente se afirma que cuando tales especies, aparentemente
iguales, se estudien más detalladamente, se encontrará diferencias entre
ellas; lo que no deja de ser una suposición. El normal proceder en biología
es precisamente el encontrar las diferencias y, si las hay, describir
taxonómicamente las especies. Por ello, no creemos válido el suponer diferencias
cuando no han sido reconocidas ni descritas, ya que ésto no es más que
invertir los términos para forzar la realidad y tratar de encajarla en
un marco teórico que, en última instancia, no es más que una hipótesis
no demostrada.
www.aranzadi-sciences.org
e-mail: cegalham@yahoo.es
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