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CARACTERISTICAS
DEL AMBIENTE HIPOGEO
Las
principales características del ambiente en la zona profunda
de las cuevas ("deep cave environment") incluyen: perpetua oscuridad
total; elevada humedad relativa; compleja red tridimensional
de espacios; conductos y galerías de muy diversos tamaños; en
ocasiones elevadas concentraciones de dióxido de carbono y otras
mezclas de gases, incluyendo gases letales; bajo contenido de
oxígeno disuelto en las aguas, pudiendo quedar éstas estancadas,
aisladas periódicamente del drenaje normal, mientras que en
otras ocasiones las galerías y espacios aéreos quedan inundados
por crecidas que las anegan completamente; extensos sustratos
rocosos, húmedos y con superficies verticales resbaladizas;
fuentes de alimento generalmente escasas y desigualmente distribuidas,
con ausencia de organismos fotosintetizadores y materiales vegetales
verdes, y con predominio de detritos de materia orgánica introducidos
por percolación e inundación, junto con restos de troglóxenos.
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1.
Recursos tróficos en el habitat subterráneo
Los
principales recursos tróficos en cuevas son materiales orgánicos transportados
por el agua y la gravedad desde los ecosistemas de superficie, generalmente
bajo la forma de detritos. Estos fundamentalmente ingresan al habitat
subterráneo transportados por las aguas de infiltración, bien sea en forma
difusa (percolación a través de toda la superficie) o concentrada (ríos
epígeos que ingresan a través de sumideros y aportan numerosos depósitos
de crecida). La fauna troglóxena en su conjunto constituye así mismo un
aporte de materia orgánica para cavernícolas especializados, no sólo los
organismos vivos sino también sus cadáveres y sus producciones. A ello
puede agregarse una fuente interna de energía proveniente de la síntesis
de bacterias quimioautótrofas, principalmente Ferrobacteria, Thiobacteria
y bacterias nitrificantes que viven en la arcilla (GOUNOT, 1967), que
en ocasiones puede ser importante (SARBU, 1990). Estas bacterias autótrofas
poseen la capacidad de sintetizar vitaminas, oligoelementos y factores
de crecimiento; los animales han perdido esta capacidad y ante la ausencia
de plantas verdes en el medio hipógeo estas sustancias son aportadas por
bacterias y hongos. Las Thiobacteria pueden sintetizar rivoflavina, pyridoxina,
vitamina B12, ácido nicotínico, ácido pantotheico; los Actinomycetes pueden
sintetizar carotenos (FISCHER, 1959; GOUNOT, 1960; VANDEL, 1965). En zona
tropical puede agregarse un limitado aporte de raíces de plantas que penetran
a través de fisuras en busca de agua y que eventualmente pueden alcanzar
galerías subterráneas a poca profundidad; este aporte puede ser más importante
en cuevas lávicas, ya que las coladas de lava se extienden superficialmente
(HOWARTH, 1983; GALAN, 1986).
El
habitat subterráneo ocupa un volumen tridimensional y los límites con
los ecosistemas de superficie no sólo son horizontales sino principalmente
verticales. Tanto en áreas kársticas como volcánicas, una considerable
cantidad de energía bajo la forma de materia orgánica está continuamente
siendo sustraida de superficie e ingresada a la red de vacíos del habitat
subterráneo.
2.
Atmósfera subterránea
Aunque
la atmósfera subterránea mantiene unas condiciones climáticas relativamente
constantes, puede existir una marcada variabilidad en los parámetros meteorológicos
según se trate de zonas bien ventiladas (con importante intercambio y
renovación de aire) o de zonas confinadas (con un régimen de aire estancado).
Esto depende en gran medida del tamaño de los conductos, del patrón de
la red de galerías de la cueva, del carácter y extensión de la interacción
entre las atmósferas exterior e interior, y de las características del
sistema hidrogeológico de drenaje.

2.1.
Temperatura y humedad relativa
En
la atmósfera subterránea las diferencias de temperatura y humedad relativa
pueden alcanzar 5-6ºC y 30% de humedad relativa en galerías y cuevas ventiladas,
pero generalmente son mucho menores en la zona profunda, pequeños espacios
y en cuevas con restringido intercambio de aire. En estos casos, el régimen
es isotérmico, con temperatura prácticamente constante y equivalente a
la temperatura media anual de la región en donde se ubica la cavidad,
y con humedad relativa de 100% y frecuentes casos de sobresaturación y
condensación. Este régimen puede ser influido por variaciones en la temperatura
del agua, normalmente con valores inferiores en 1-2ºC a la temperatura
del aire.
La mayoría de los troglobios habita en mesocavernas y pequeños espacios
vecinos a éstas, donde predomina un régimen de aire estancado o calmo,
con elevada humedad. Este habitat, de pequeñas galerías y pasajes (diámetros
de 1 mm a 20 cm), es menos aireado que las macrocavernas (diámetros mayores
de 20 cm -hasta varios metros-) y constituye un ambiente adverso, con
elevadas concentraciones de dióxido de carbono y otras mezclas de gases
provenientes de la disolución de la caliza y de la descomposición de la
materia orgánica. Este es un importante factor que sin duda interviene
en la biología de las especies cavernícolas.
Diversos
autores han señalado el predominio de troglobios en pequeños espacios
y en la zona profunda con aire en calma (JUBERTHIE, 1983; UENO, 1987;
OROMI et al., 1991; GALAN, 1993; HOWARTH, 1993). Este ambiente constituye
el habitat de los cavernícolas estrictos. No obstante, algunos individuos
de especies troglobias ocasionalmente son hallados en pasajes más aireados,
siempre que la humedad relativa sea elevada y que parte de ésta esté presente
bajo la forma de películas de agua sobre la roca y espeleotemas (GALAN,
1993; HOWARTH, 1993). La mayoría de los cavernícolas facultativos, en
cambio, son hallados en galerías más aireadas.

2.2.
Dióxido de carbono (CO2)
En la zona profunda de las cuevas la concentración del dióxido de carbono
es más elevada que en galerías ventiladas, debido al menor intercambio
de aire, y la concentración de CO2 puede alcanzar valores del 10% en volumen
o incluso superiores. Este incremento en la concentración de CO2 es un
proceso normal y ampliamente extendido en la zona vadosa del karst y es
un resultado simple de la disolución de la roca caliza por las aguas de
infiltración; el CO2 en exceso aporta su agresividad a las aguas de infiltración
para proseguir la disolución de la roca en la zona saturada del karst
("zona freática" de los autores anglosajones) (GALAN, 1991). Las altas
concentraciones de CO2 también se presentan en otras litologías (Ver p.ej.
HOWARTH & STONE, 1990).
La concentración de CO2 y otros gases puede ser mucho mayor localmente,
en zonas poco ventiladas y con rellenos de materia orgánica. Casos de
condiciones anóxicas han sido reportados en la zona terminal de la cueva
Coy-coy de Acurigua y cueva-haitón de Sabana Grande (Edo. Falcón, Venezuela)
(GALAN & LAGARDE, 1987) y en cuevas de la región de Januaria e Itacarambí
(Minas Gerais, Brasil) (GALAN, 1995). Muchos otros autores han reportado
casos similares en la literatura espeleológica. El CO2 proviene de la
descomposición de materiales vegetales aportados por las crecidas o de
la fermentación de materia orgánica contenida en el limo y sedimentos
de zonas bajas de galerías hidrológicamente activas. La fermentación de
depósitos de guano de quirópteros, que suelen constituir un importante
relleno en cuevas tropicales, normalmente libera amoníaco y gases nitrogenados,
además de CO2. En lugares donde la concentración de murciélagos es elevada
(varios miles a decenas de miles de individuos), el calor liberado por
sus cuerpos eleva la temperatura del aire en varios grados, generando
zonas y puntos "calientes", como es común en muchas "cuevas calientes"
de Cuba y costa norte de Venezuela. El "guano" de guácharos (Steatornis
caripensis), pese a formar depósitos aún más extensos, es depositado en
galerías amplias bien ventiladas, por lo que raramente enrarece la atmósfera
subterránea. Este sustrato es fundamentalmente un residuo vegetal formado
por semillas de lauráceas, burseráceas y palmas, siendo rico en fósforo,
nitrógeno y materia orgánica, y su pH decrece con la profundidad, albergando
una artropofauna abundante en la superficie (HERRERA, 1995).
2.3.
Radioactividad natural
Las principales rocas karstificables (caliza, dolomita, yeso) pueden contener
pequeñas cantidades dispersas de uranio y torio. Uno de los miembros de
la serie de desintegración del uranio, el gas radón, es capaz de difundirse
en el interior de las cavernas a una tasa considerable, y la atmósfera
subterránea puede contener altas concentraciones en comparación con la
atmósfera externa.
Si
bien pueden existir diferencias en la tasa de emanación de radón, principalmente
las concentraciones de radón son altamente dependientes del flujo de aire
y, por lo tanto, de su renovación en la caverna o parte de ésta. Las más
altas concentraciones son alcanzadas invariablemente en las zonas profundas
o más pobremente ventiladas.
Estudios recientes han mostrado la existencia de altas (y variables) concentraciones
de radón en el aire de las cuevas. KLIMCHOUK & NASEDKIN (1992) reportan
concentraciones de 5.82-68.11 kBq/m3 en cuevas de Ucrania y Rusia. TEIXEIRA
et al. (1991) obtiene valores de 5-45 kBq/m3 para cuevas de Portugal.
AHLSTRAND (1980) y HILL (1987) reportan valores de hasta 3.7 kBq/m3 en
cuevas relativamente bien ventiladas de New Mexico y Texas (USA). SAJO-BOHUS
et al. (1995) han reportado valores de hasta 80,1 kBq/m3 en cuevas de
Venezuela, incluyendo cuevas turísticas como la conocida Cueva del Guácharo.
Concentraciones
por encima de 0.5 kBq/m3 son consideradas dañinas para la salud humana
(ICRP, 1987). Se ha especulado sobre el posible efecto nocivo del aire
de las cuevas para espeleólogos, el cual es considerado bajo debido al
escaso tiempo de permanencia en las mismas; sin embargo, es admitido que
una permanencia continua bajo tales condiciones tendría severas consecuencias.
La elevada radioactividad característica del aire de las cuevas y la desintegración
radioactiva, acompañan la ionización del aire y la formación y condensación
de hidroaerosoles y aerosoles sólidos autóctonos (GADOROS, 1986, 1989).
De este modo las sustancias minerales pueden ser disueltas y una fase
sólida es introducida en el aire de las cuevas. Estas sustancias, transportadas
por el flujo de aire, pueden ser precipitadas y dar origen a muy diversos
tipos de espeleotemas, como crecimientos de yeso y espeleotemas de calcita
tipo "pop-corn", excéntricas y formas coraloides parietales (KLIMCHOUK
et al., 1995). Depósitos y espeleotemas de sílice, ópalo y goethita son
comunes en cuevas en cuarcitas precámbricas de la Guayana venezolana (URBANI,
1977, 1996; GALAN & URBANI, 1987). Algunos de estos espeleotemas pueden
también haber sido formados por precipitación de aerosoles
.
De igual modo las aguas subterráneas son influidas por la radioactividad
natural y sustancias minerales disueltas, y en los gours y pequeños cuerpos
de agua -a menudo aislados periódicamente de la red de drenaje normal-
es común un bajo contenido de oxígeno disuelto. En otras ocasiones el
ácido sulfúrico ha tenido considerable importancia en la espeleogénesis
y las aguas kársticas pueden contener altos tenores de sulfatos (AULER,
1995) generando extensos recubrimientos de epsomita y espeleotemas de
yeso y bassanita, como en los casos reportados por GALAN (1996) para cuevas
del estado de Bahia (Brasil); en estas aguas, prácticamente saturadas
en sulfatos, habitan, no obstante, cavernícolas acuáticos.
La
incidencia de estos factores sobre las formas de vida cavernícolas no
ha sido estudiada. Pero la alta radioactividad natural y las características
del aire podrían incrementar la adversidad del ambiente profundo para
los organismos que lo habitan, con la potencialidad de alterar las tasas
de mutaciones y recombinación genética, traduciéndose posteriormente en
cambios fenotípicos.
3.
Habitat subterráneo: zonación y redefinición
Para referirse al habitat subterráneo de los cavernícolas como un ambiente
adverso es necesario tener en cuenta, en primer lugar, la distribución
espacial y la escala de dimensiones de los vacíos subterráneos. Ello probablemente
implica una redefinición de qué se entiende por habitat subterráneo o
hipógeo, respecto a los ambientes de superficie, para los organismos que
completan en él su ciclo de vida. La zonación de los espacios subterráneos
implica colocar límites arbitrarios a lo que en realidad son gradientes.
Las cavernas, en general, poseen una zonación física característica. Resumidamente
puede hablarse de dos regiones, subdivididas en 4 zonas distintas. Una
región A, que comprende ambientes subsuperficiales y transicionales, y
una región B, que comprende los ambientes subterráneos propiamente dichos.
La región A comprende una zona de entrada en penumbra y una zona de transición;
la región B comprende una zona ventilada y una zona profunda de aire en
calma. Esta zonación corresponde aproximadamente a la propuesta por HOWARTH
(1991) para cuevas en lava.
La zona de entrada más superficial, ubicada en la región A, suele recibir
luz durante parte del día y a menudo se encuentra en ella plantas verdes
y rellenos de materiales orgánicos procedentes del exterior. Sigue a continuación
un sector en penumbra, de variable extensión, que muestra una gradación
en los parámetros físicos, la cual va acompañada de una gradación paralela
en la vegetación. A medida que se profundiza hacia la zona oscura la vegetación
de plantas vasculares ombrófilas es seguida por criptógamas y finalmente
por películas de algas. La fauna incluye muchos troglóxenos regulares,
tanto sobre las paredes de roca (asociación parietal de las cuevas europeas)
como entre los bloques y rellenos orgánicos del suelo, predominando en
éstos las formas endógeas. Esta zona sirve frecuentemente de refugio a
muchos invertebrados epígeos e higrófilos, que acuden a ella en busca
de protección y condiciones más húmedas que las de superficie. Gran parte
de esta fauna se extiende a la siguiente zona.
Ya
en oscuridad total se extiende otra zona, transicional, desprovista de
plantas verdes y caracterizada por variaciones climáticas importantes,
formando parte de la región que hemos denominado A. Esta zona es muy dinámica
y de límites ambiguos, está sujeta a oscilaciones en la humedad atmósferica
(diarias o estacionales), asociadas a la variación de temperatura y al
intercambio de aire con el exterior. La fauna troglóxena predomina en
esta región. Según el grado de desarrollo y biología de los organismos,
éstos adquieren mayor independencia con relación al medio físico; muchos
troglóxenos regulares -tal como dípteros, araneidos, guácharos y quirópteros-
pueden penetrar profundamente en las cuevas e instalarse en ellas durante
parte de su ciclo de vida.
La región B es en cambio climáticamente muy poco variable, en total oscuridad
y con humedad relativa igual o muy próxima a valores de saturación. En
ella puede distinguirse: una zona bien aireada o ventilada, que comprende
parte de la red de galerías visitables por el ser humano (macrocavernas),
donde es frecuente la renovación del aire, y una zona de aire en calma
o confinado, de más lenta renovación, pudiendo presentar altas concentraciones
de CO2 y otros gases (YARBOROUGH, 1978). Esta zona comprende las partes
más profundas de macrocavernas, galerías terminadas en "cul de sac" y
una red de mesocavernas y vacíos menores, más profundamente incluidos
en la roca-caja. En parte esta zona está constituida por mesocavernas
y espacios menores, no accesibles a la penetración humana.
La
región B constituye el habitat subterráneo propiamente dicho. En la zona
oscura ventilada predominan los troglófilos; los cavernícolas estrictos
o troglobios ingresan eventualmente en ella si las condiciones de humedad
son adecuadas. La zona oscura de aire en calma, mesocavernas y espacios
menores contiguos a éstas, son el habitat característico de los troglobios;
los troglófilos son accidentales en esta zona, ya que habitualmente no
son aptos para mantenerse indefinidamente en ella. Esta zona -profunda-
puede por tanto comprender vacíos en muy diversa posición topográfica,
incluso en la proximidad de la entrada y sector de penumbra.
En
nuestra opinión, la definición ecológica de troglófilos y troglobios,
entendida ésta como la de aquellos seres que completan su ciclo vital
en la caverna (sean facultativos o exclusivos) y están más o menos adaptados
para la vida en ella, debe excluir la región A, ya que muchos troglóxenos
(incluso accidentales) son capaces de reproducirse y completar su ciclo
de vida en las zonas transicionales. Esto es particularmente cierto en
cuevas tropicales, de grandes bocas e importante volumen, en las cuales
la región A puede tener gran extensión.
En
la red tridimensional de espacios que afecta al volumen de un macizo,
HOWARTH (1983) distinguió tres clases de tamaño biológicamente significativas:
macrocavernas (mayores de 20 cm), mesocavernas (0.1 a 20 cm) y microcavernas
(menores de 0.1 cm). La primera admite grandes vertebrados, la segunda
es caracterizada por un microclima favorable a los artrópodos cavernícolas,
mientras que la tercera es demasiado pequeña para la mayoría de los artrópodos
cavernícolas. Lógicamente, estos límites son también aproximados, y dependen
a su vez de las dimensiones de los organismos (incluyendo sus formas larvarias).
Pero de modo general puede decirse que las microcavernas, aunque son recorridas
por el aire y el agua de infiltración, normalmente están desprovistas
de macroinvertebrados, aunque pueden contener diversos animales microscópicos,
principalmente acuáticos, como ácaros, ostrácodos y copépodos.
Para
la fauna acuática la zonación indicada es menos significativa, ya que
el habitat acuático subterráneo puede extenderse hasta la proximidad de
la superficie, bien sea en la zona de infiltración o en la de surgencia,
ya que en su definición no interviene la atmósfera subterránea. Así, en
medio tropical son frecuentes los casos de peces y crustáceos cavernícolas
cuya distribución acuática prácticamente llega hasta las entradas y zonas
iluminadas, reduciéndose a su mínima expresión la región transicional.
En resumen, el medio terrestre del ecosistema subterráneo comprende un
ambiente transicional y otro verdaderamente hipógeo, subdividido este
último en una zona aireada y otra de aire en calma o menos ventilada.
Proponemos denominar a éstos: Ambiente superficial (el conjunto de la
región A), ambiente intermedio (la zona aireada), y ambiente profundo
("deep cave" ambiente = la zona de aire en calma). La posición topográfica
y extensión de estos ambientes es dependiente de la morfología del macizo
y sus cavidades y del régimen de intercambio de aire. Entre unos y otros
ambientes existen gradientes y no límites estrictos.
4.
Condiciones adversas del habitat subterráneo.
En
las cavernas, la severidad del medio se acrecienta al profundizar en él,
desde la superficie hacia el interior de la roca. Para adaptarse al ambiente
subterráneo los organismos tendrán que superar una serie de gradientes
o barreras, físicas y ecológicas.
La
primera barrera la constituye la oscuridad total. Algunos invertebrados
troglóxenos dotados de quimioreceptores o vertebrados dotados de ecolocación,
podrán superar esta barrera y desplazarse en la zona oscura; pero la inmensa
mayoría de los animales no está dotada de mecanismos de orientación que
les permitan desenvolverse en oscuridad total. Los animales capaces de
visión nocturna en realidad están adaptados a utilizar bajas intensidades
luminosas, pero son incapaces de ver en oscuridad total.
La segunda barrera es trófica. Desde un punto de vista alimentario, los
cavernícolas son detritívoros (o carnívoros que predan sobre éstos). Incluso
los considerados carnívoros son omnívoros o parcialmente detritívoros,
al menos durante parte de su ciclo de vida. Los cavernícolas se alimentan
en realidad de fragmentos de materia orgánica, de origen vegetal y animal,
que ingresan por gravedad y arrastre por las aguas de infiltración, especialmente
coloides y solutos depositados por las aguas percolantes y depósitos de
crecida. A diferencia de las cavernas, en el medio intersticial y en el
edáfico normalmente está presente un cierto porcentaje de algas y vegetales,
los cuales faltan en las cavernas. Por ello, muchos representantes del
suelo o del intersticial, aparentemente capaces de desenvolverse en oscuridad,
resultan excluidos de las cavernas por razones tróficas.
La tercera barrera, para los cavernícolas terrestres, la constituye la
elevada humedad relativa, con valores de saturación o próximos. En invertebrados
terrestres, la adaptación al ambiente húmedo de las cuevas requiere de
intercambios gaseosos a través de la piel y de un incremento de la permeabilidad
relacionada con el control del balance hídrico corporal, ya que la humedad
relativa está por encima del valor de equilibrio de sus fluidos corporales.
Los cavernícolas terrestres prácticamente viven en un ambiente acuático.
Los cavernícolas acuáticos pueden desplazarse de unos a otros cuerpos
de agua gracias a que la atmósfera subterránea permanece saturada de vapor
de agua. Esta condición anfibia se presenta en general entre los cavernícolas
estrictos. Adicionalmente, grandes extensiones de las redes subterráneas
pueden resultar inundadas de modo rápido e impredecibe; y los cavernícolas
-terrestres y acuáticos- sobreviven a las inundaciones. Los movimientos
de masas de aire en el interior de las cuevas son en cambio un factor
desfavorable, ya que su acción desecante produce la deshidratación: mínimas
cantidades de aridez son letales para los troglobios. La reducción de
la cutícula y pérdida de estructuras tegumentarias (asociada al control
del balance hídrico) afecta a ojos y pigmentación, y es en parte independiente
de requerimientos energéticos (SEMENOVA, 1961; GALAN, 1993). Muchas de
las reducciones de los cavernícolas están pleiotrópicamente relacionadas
y son controladas por vía genética y hormonal. La elevada humedad de las
cavernas juega así un importante papel en la adaptación de los organismos
al ambiente hipógeo.
Barreras adicionales las constituyen las habilidades de los organismos
para desenvolverse en el ambiente profundo, donde se acrecientan las condiciones
adversas: recursos tróficos dispersos y escasos; red tridimensional y
laberíntica de vacíos -a menudo con superficies rocosas húmedas y resbaladizas-;
atmósfera saturada con mezcla de gases; elevada radioactividad natural;
niveles subóptimos de CO2 y oxígeno en el aire (HOWARTH, 1993), y bajo
contenido de oxígeno en los cuerpos de agua. Los cavernícolas deben adaptarse
a vivir en estas condiciones de severo stress. La reducida tasa metabólica
de los cavernícolas probablemente es uno de los mecanismos involucrados
para sobrevivir bajo tales condiciones. Pocos animales pueden explotar
el bioma subterráneo, aún cuando -paradójicamente- los recursos tróficos
puedan ser importantes.
El
habitat subterráneo es creado y ampliado progresivamente. Este proceso
de creación de vacíos -llamado karstificación- va acompañado del hundimiento
del drenaje y de la formación de galerías aéreas con atmósfera saturada
de vapor de agua. Para los organismos epígeos de la vecindad inmediata
y de medios transicionales se ofrece un nuevo habitat, con cierta cantidad
de recursos tróficos, que han sido sustraídos de los ambientes superficiales.
Como toda área nueva, ésta se ofrece a la colonización de aquellos organismos
que sean capaces de utilizar dichos recursos y posean la aptitud necesaria
para desenvolverse en el nuevo medio. Este es comparativamente más adverso
a medida que se profundiza en él. Pero a la vez es un medio estable climáticamente,
capaz de excluir a predadores epígeos y parásitos, y que proporciona recursos
que no están siendo utilizados por otros organismos (baja competencia).
Estas ventajas pueden resultar atractivas para los potenciales colonizadores.
5.
Ambientes transicionales
El
ecosistema hipógeo no es un sistema cerrado ni aislado, sino que física
y tróficamente está abierto a numerosos intercambios con los ecosistemas
limítrofes. Desde un punto de vista energético es un sistema que está
siendo alimentado por un flujo de materia orgánica procedente de superficie.
Entre
la superficie del suelo y el ambiente profundo de las cuevas se sitúan
zonas y ambientes transicionales. A nivel de los grandes conductos que
forman las macrocavernas visitables por el ser humano ya hemos indicado
que existe un ambiente superficial (región de entrada) y otro intermedio
(con fluido intercambio atmosférico). A menor escala existe una continuidad
entre la red de microcavernas y fisuras de la roca y otros ambientes creviculares
e intersticiales cuyo tamaño de grano y posición espacial pueden ser muy
variables. Estos ambientes transicionales -con respecto al cavernícola-
y en continuidad física con el mismo, pueden contener distintos conjuntos
faunísticos y las fronteras entre ellos son muy dinámicas. Con relación
a ellos, el ambiente profundo de las cuevas constituye el caso más extremo.
5.1.
Ambientes transicionales terrestres
El
MSS -medio subterráneo superficial (JUBERTHIE et al., 1980)- comprende
un conjunto de espacios entre bloques por debajo del suelo y en el contacto
con la roca-caja disgregada (sea ésta caliza o de otra litología), pero
en todo caso de tamaños mayores a 1 mm, por lo que el MSS suele faltar
cuando los espacios entre los fragmentos gruesos están colmatados por
materiales finos, arcillosos, lo que es común en terreno calcáreo. En
el MSS ha sido encontrada una fauna característica, que comprende tanto
formas epígeas y edáficas como algunos troglobios, principalmente coleópteros
Bathysciinae y Trechinae. Hoy se conocen casos de especies de estos grupos
que habitan en el MSS y en cavernas indistintamente; sólo en cuevas; o
sólo en el MSS (RACOVITZA, 1983). Entre los Bathysciinae han sido estudiados
casos en los montes Apuseni (Rumania) en los cuales hay una continuidad
entre las cavernas del macizo calcáreo y el MSS; en invierno las poblaciones
son muy abundantes en las cuevas y faltan en el MSS, mientras que en otoño
aumentan los efectivos en el MSS y disminuyen en las cuevas (RACOVITZA,
1983). Un sistema de vacíos interconectados similar puede presentarse
en áreas volcánicas (OROMI et al., 1986).
HOWARTH (1983) ha mostrado que formas troglomorfas como el ortóptero Caconemobius
sp. o la araña Lycosa howarti colonizaron tubos de lava de menos de 6
años de edad en Kilauea (Hawaii), y que muy diversos cavernícolas pueden
desplazarse y dispersarse a través de este habitat fisurado en lava. Además
recientemente ha encontrado especies cavernícolas en un ambiente húmedo
existente en ripio y bloques de lava en taludes de carretera (HOWARTH,
1991). De modo similar LELEUP (1952, 1956) y GALAN (1993) han mostrado
que existe un medio comparable en zonas de selva tropical de Africa y
Sudamérica, constituido por espacios entre bloques o coluviones recubiertos
por un espeso colchón edáfico. Este medio es muy rico en materia orgánica
y su microclima es muy húmedo y prácticamente isotérmico a partir de 1
m de profundidad. Estos medios transicionales, catalogados como creviculares,
son húmedos y oscuros, con fluctuaciones de la temperatura a tenor de
la profundidad y con mayor abundancia de recursos tróficos que las cuevas,
ya que la fuente de vegetales verdes está muy próxima.
Para los cavernícolas terrestres, los suelos y su fauna constituyen un
ecosistema próximo. Los suelos están formados por una mezcla de materiales
de origen inorgánico y orgánico. Los primeros son producto de la meteorización
de las rocas y de su transporte y depósito; los segundos provienen de
la descomposición de la vegetación y restos animales. Las capas del suelo
albergan una fauna edáfica característica. La fauna de los musgos -muscícola-
(VANDEL, 1965), de la hojarasca del suelo y del humus -humícola o hemiedáfica-
(DECU et al., 1987), y de los horizontes inferiores del suelo -endógea
o edafobia- (COIFFAIT, 1959), ha dado origen también a cierto número de
formas cavernícolas. Algunas de éstas habitan en las cuevas en biotopos
similares a los de su lugar de procedencia, particularmente en la región
A. Otras han diferenciado formas más modificadas, troglófilas y troglobias.
Esto no debe extrañar ya que en última instancia, si nos remontamos lo
suficiente en el tiempo, todos los cavernícolas han derivado de epígeos,
y es lógico que la colonización de las cuevas proceda a través de medios
transicionales próximos o paralelos al cavernícola. Diversos grupos de
nemátodos, oligoquetos, moluscos, arácnidos, crustáceos terrestres, diplópodos,
quilópodos, insectos apterygotos (colémbolos, dipluros, tysanuros) y pterygotos
(principalmente coleópteros) proceden de alguno de los biotopos edáficos.
El medio edáfico es oscuro, térmicamente fluctuante y de elevada humedad;
los habitantes del suelo (endógeos) viven o cavan sus galerías en un medio
intergranular, próximo a las fuentes de materia vegetal o a sus primeros
estados de descomposición, y en este medio realizan migraciones verticales
para escapar de las oscilaciones desfavorables a la vez que para aprovechar
la diversidad de nutrientes disponible, que es considerablemente más elevada
que en el ambiente profundo de las cuevas. Aun cuando las cuevas y el
edáfico compartan algunos elementos comunes, los suelos y su fauna constituyen
un ecosistema muy diferente al cavernícola. Es importante destacar que
ningún investigador a extendido el término troglobio para aplicarlo a
la fauna edáfica.
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5.2.
Ambientes transicionales acuáticos
Las
marcadas diferencias entre los ambientes transicionales terrestres
y las cuevas han favorecido que ambos permanezcan como biotopos
distintos. No ha ocurrido lo mismo con el medio acuático intersticial
y de hecho hay toda una escuela de limnólogos que ha extendido el
uso del término stygobio para aplicarlo a los habitantes de las
aguas subterráneas continentales (sean éstas freáticas, intersticiales,
kársticas, o litorales marinas), con lo cual se ha introducido una
considerable confusión en el terreno bioespeleológico.
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La fauna de las aguas freáticas contiene muy pequeños organismos que habitan
los intersticios entre granos de arena y grava fina. Este medio ha sido
denominado intersticial o hiporrheico (ORGHIDAN, 1959) y su fauna ha sido
llamada intersticial o phreatobia (MOTAS, 1958). La fauna intersticial
está estrechamente relacionada con el tamaño de los intersticios y de
las partículas; en general son organismos muy pequeños (300 micras a 1
mm), elongados y a la vez aplanados; la microfauna predominante está constituida
por Rotifera, Gastrotricha, Tardigrada, Nematoda, Ostracoda, y Copepoda;
también suelen presentarse Syncarida, Isopoda, Amphipoda, Hidrachnella,
Limnohalacarida, Oligochaeta, Turbellaria, e incluso pequeños peces, en
zonas endorreicas. La primera aproximación al estudio del conjunto de
la fauna intersticial es debida a SASSUCHIN et al. (1927) quienes crean
una extensa terminología del psammon (biocenosis de la arena). Las clasificaciones
se han ido complicando progresivamente ya que existe una enorme diversidad
de biotopos intersticiales. Autores rumanos (ORGHIDAN, 1955; MOTAS, 1962)
y germanos (SCHWOERBEL, 1961; KRAUS, 1959) consideran que en el intersticial
o hiporrheico existen dos zonas distintas: una superior con predominio
de Hydrachnella y una zona freática profunda con predominio de Limnohalacarida.
PENNAK & WARD (1986) distinguen el hiporrheico (capa superior, de aprox.
15 cm, bajo el lecho de ríos), de las aguas subterráneas adyacentes (intersticial).
DELAMARE-DEBOUTTEVILLE (1960) prefiere utilizar Terrenos permeables en
pequeño, para diferenciar al intersticial de los Terrenos permeables en
grande (acuíferos en fisuras y conductos). Hoy se acepta prácticamente
como sinónimos a todos los términos anteriores, que referiremos como intersticial,
aunque teniendo presente que hay una enorme diversidad de situaciones
a tenor del tamaño de grano del sedimento, de su posición en el acuífero
y de la velocidad de flujo del agua, cuyos cambios determinan migraciones
verticales y laterales de fauna.
De modo general, en el intersticial la luz decrece rápidamente con la
profundidad y a aproximadamente 10 cm de profundidad el medio es oscuro.
No suele haber plantas verdes en la zona inferior, pero sí en la superior.
La temperatura muestra -según el clima- una cierta amplitud diaria y estacional,
decreciendo con la profundidad. Igualmente es variable y decreciente la
concentración de oxígeno disuelto. Normalmente a 30 cm de profundidad
hay muy poco oxígeno: 5-1 mlgr/lt dependiendo de la temperatura y época
del año (WILLIAMS & HYNES, 1974; WHITTMANN & CLARK, 1982); ésto en parte
es debido a la gran cantidad de materia orgánica en descomposición, la
cual determina altos niveles de reducción, decreciendo el O2 disuelto
y limitando las posibilidades de vida.
La distribución y abundancia de la fauna intersticial son dependientes
del biotopo. DANIELOPOL & ROUCH (1991) han encontrado en ostrácodos una
correlación entre su tamaño y el tamaño de grano del sedimento, y entre
la abundancia de animales y la concentración de oxígeno. En la distribución
de meiofauna -especialmente copépodos Harpacticoida- ROUCH et al. (1989)
han encontrado que ésta prefiere algunas situaciones topográficas, como
bancos de grava, y evita zonas con reducido contenido de oxígeno disuelto
y áreas de alta velocidad del agua. La fauna intersticial en su conjunto
difiere de la cavernícola, aunque hay casos en que alguno de los biotopos
intersticiales comparte elementos comunes, como p.ej. isópodos Stenasellus
o anfípodos Niphargus en Europa. No obstante, generalmente se trata de
especies distintas del mismo género, siendo más estenotermas y alcanzando
mayor talla las cavernícolas. En ocasiones la misma especie stygobia habita
simultáneamente en aguas kársticas e intersticiales, como es ejemplificado
por algunas especies del género Pseudoniphargus (NOTENBOOM, 1986).
MATHIEU & TURQUIN (1992) han mostrado que en los grupos de stygobios con
representación simultánea en cuevas y en el intersticial hay un proceso
de adaptación diferencial, estrechamente dependiente de las condiciones
ecológicas del biotopo. La estrategia de vida de las formas cavernícolas
está relacionada con un medio en el que las variaciones del ciclo hidrológico
son relativamente drásticas (con frecuentes sequías de verano), el espacio
de vida es amplio, el suplemento de comida bajo, y se producen pocos cambios
en factores ambientales tales como la temperatura. La estrategia de las
formas intersticiales es diferente, debido a que es un medio que nunca
se seca, el alimento es abundante, los cambios térmicos son mucho más
importantes, y el espacio intergranular en el sedimento es reducido. Ello
determina diferencias fisiológicas y anatómicas entre los representantes
de ambos medios.
Del
mismo modo, existe una completa transición que va desde la fauna marina
litoral, a la dulceacuícola intersticial y a la cavernícola. Muchos cavernícolas
acuáticos de origen marino han seguido esta vía para colonizar las cuevas.
Diversos autores (YAGER, 1981, 1987; PALMER, 1986; ILIFFE, 1990) reportan
la existencia de un medio crevicular que conecta ambientes marinos con
el habitat anchihalino de los blue-holes y cuevas litorales mixo-halinas
(HOLTHUIS, 1973); en él la presencia de algas y fitoplancton puede también
ser importante o, en todo caso, existe una fuente próxima de vegetales
verdes. A tenor del tamaño de las fisuras y espacios, la fauna de estos
ambientes puede ser muy afín a la cavernícola. Finalmente, otros grupos
de organismos acuáticos han colonizado a las cuevas a partir de las aguas
epígeas directamente, como ha ocurrido con la mayoría de los peces cavernícolas
(WILKENS, 1988; TRAJANO, 1989; ANDRIANI, 1990; PEREZ & VILORIA, 1994).
6.
Diferencias entre zonas tropicales y templadas
Hasta 1970 eran sumamente escasos los troglobios conocidos en zonas tropicales
y cuevas lávicas. Se pensaba que esta ausencia de cavernícolas estrictos
en cuevas tropicales era debida a la falta de grandes oscilaciones climáticas
durante el Pleistoceno en los trópicos (VANDEL, 1965; BARR, 1968; MITCHELL,
1969), mientras que en zonas templadas ocurrían las glaciaciones, las
cuales eliminaban de la superficie las anteriores poblaciones de tipo
subtropical y tropical. En esta visión, se consideraba necesario la eliminación
de las poblaciones de superficie para producir el aislamiento de las poblaciones
cavernícolas, las cuales podrían entonces especiarse alopátricamente y
evolucionar como troglobios. En esta concepción, la fauna troglobia era
considerada relictual: había podido sobrevivir a las fluctuaciones climáticas
gracias a haber encontrado refugio en el estable ambiente de las cuevas,
mientras que en superficie las condiciones de vida se tornaban desfavorables
y provocaban o bien la migración a otras áreas o bien la extinción. Por
ello se creía que los troglobios eran especies longevas y eran considerados
relictos filogenéticos: los únicos supervivientes de antiguos linajes
y auténticos "fósiles vivientes". Sus convergentes caracteres troglomorfos,
más que una adaptación a las cuevas, eran considerados caracteres degenerativos
propios de una etapa final -senescente- en la evolución de sus linajes
respectivos.
En las tres últimas décadas ha sido descubierta una abundante y diversa
fauna troglobia en cuevas tropicales, en islas de reciente origen y en
jóvenes cuevas de lava, de América Latina, Africa, Sudeste Asiático e
islas del Pacífico. En algunos casos ha podido demostrarse una escasa
antigüedad de las cavernas en algunas de estas regiones y, por consiguiente,
ha quedado firmemente establecido que la evolución troglobia no necesariamente
requiere mucho tiempo. A la vez, y a diferencia de las zonas templadas,
muchos cavernícolas especializados de los trópicos conviven parapátrica
o simpátricamente con formas epígeas de sus mismos linajes, es decir,
poseen parientes epígeos taxonómica y geográficamente muy próximos. La
fauna de numerosas cuevas estudiadas en los trópicos muestra ejemplos
tanto de formas relictas como otros no-relictuales (CHAPMAN, 1986; PECK,
1986; HOWARTH, 1983, 1986; GALAN, 1995; entre otros), de lo que se deduce
que la evolución troglobia no sólo puede haber ocurrido en el pasado sino
que también ocurre activamente en la actualidad.
Hoy la principal diferencia entre cavernícolas de zonas tropicales y templadas
reside en sus proporciones en el conjunto de la fauna cavernícola de una
región. En general, la biomasa y diversidad en las cuevas tropicales es
mucho más alta que en zonas templadas, como también lo es en los ambientes
de superficie. Pero la proporción en número de especies de las distintas
categorías es en cambio, comparativamente, muy diferente. La proporción
troglobios/troglófilos es considerablemente más elevada en zonas templadas.
Aproximadamente esta proporción en cuevas de Europa es de 0.5 o mayor
mientras que en los trópicos puede variar entre 0.1 y 0.05, o incluso
menor. Un ejemplo numérico representativo: en cuevas de Gipuzkoa (Pirineos
Vascos, entre España y Francia) hay 102 especies troglobias y 84 troglófilas
(pr=0.55); en cuevas del norte de Venezuela hay 25 especies troglobias
y 250 troglófilas (pr=0.10) (GALAN, 1993; 1995).
La menor abundancia relativa de troglobios en los trópicos podría ser
debida a la mayor abundancia de recursos nutritivos en las cuevas tropicales
(especialmente guano), lo cual tendría el efecto de inhibir la especialización
troglobia (HAMILTON-SMITH, 1971; CULVER, 1982). En los trópicos muchas
cuevas son eutróficas o mesotróficas, siendo más escasas las oligotróficas,
mientras que en zona templada la gran mayoría de las cuevas son oligotróficas.
Esta hipótesis considera que la adquisición de troglomorfismos es en parte
un proceso compensador de economía energética: en un ambiente donde el
alimento es abundante los animales no necesitan reducir ojos o pigmentos
u otras estructuras para desarrollar apéndices elongados y mayor número
de elementos quimioreceptores y tactiles, lo cual sería el caso en cuevas
tropicales, mientras que en cuevas templadas, donde el alimento es escaso
y la temperatura más baja, los animales deben economizar energía en unos
procesos para destinarla a otros, y de ese modo surgirían las reducciones
estructurales características de los troglobios (SKET, 1985; HÜPPOP, 1986).
Sin embargo, detalladas investigaciones han mostrado que en los trópicos
existen tanto cuevas eutróficas como mesotróficas y oligotróficas. Una
misma cavidad puede contener secciones eutróficas junto a grandes extensiones
oligotróficas. Generalmente los grandes rellenos de materia orgánica y
guano presentes en cuevas tropicales se encuentran en secciones del ambiente
superficial o del intermedio, mientras que el ambiente profundo es predominantemente
oligotrófico, y comparativamente muy semejante al ambiente de cuevas templadas.
Los troglobios tropicales han sido encontrados tanto en ambientes oligotróficos
como eutróficos y no puede decirse que exista una regla clara que relacione
la presencia de troglobios con la escasez de recursos nutritivos. También
cabe señalar que muchas cavidades o secciones de éstas en cuevas tropicales
son consideradas eutróficas por la presencia de grandes rellenos de guano
de quirópteros o de guácharos; estas cuevas sostienen una abundante y
diversa fauna guanobia característica, con hasta más de 100 especies distintas
de invertebrados en el caso del guano de guácharos (DECÚ et al,. 1987;
HERRERA, 1995). Pero tales biocenosis, propias del guano más que de la
caverna en sí, faltan en las cuevas no-guaníferas. Es decir, la existencia
de guano, más que enriquecer de nutrientes al conjunto del ecosistema
hipógeo, lo que hace es crear una biocenosis adicional en las cuevas que
lo presentan. Los cavernícolas estrictos pueden o no beneficiarse, indirectamente,
de la presencia de fauna guanobia.
Todo
ello lleva a pensar que, aunque en los trópicos existe mayor diversidad
y biomasa en los ecosistemas, la colonización y adaptación de los animales
a la vida cavernícola es un fenómeno general, que ocurre en toda región
y litología donde el habitat cavernícola esté disponible.
La
existencia en muchas cuevas tropicales de troglobios que poseen parientes
epígeos cercanos hace pensar que el relictualismo en la fauna cavernícola
es un fenómeno secundario. Más que relictos aislados en las cuevas por
cambios climáticos, los troglobios parecen haberse transformado en formas
altamente especializadas precisamente para poder explotar los recursos
del ambiente profundo de las cuevas.
La frecuente recolección de troglobios en el ambiente profundo, mesocavernas
y espacios menores, sugiere que éste es su habitat preferente y que en
él se da la especialización troglobia. La presencia -circunstancial- de
troglobios en macrocavernas y galerías amplias indica que éstas son habitadas
por los troglobios a partir del ambiente profundo y no son por tanto el
biotopo en el cual ocurre la troglobización.
Una
diferencia importante entre cuevas tropicales y templadas radica en la
extensión relativa de los distintos ambientes subterráneos. Como regla
general ocurre un fenómeno climático; en los trópicos la oscilación térmica
diaria es mucho más importante que la oscilación estacional. Asociado
al cambio térmico y barométrico diario, en las cuevas tropicales son frecuentes
los desplazamientos de masas de aire y los efectos desecantes. A la vez,
debido a su mayor temperatura, en las cuevas tropicales en caliza las
tasas de disolución y evaporación de la calcita son más elevadas. Esto
hace que sean excavadas galerías de gran volumen y que en ellas los depósitos
de travertino y espeleotemas sean también grandes. En comparación con
cuevas de zona templada, el diámetro promedio de galerías y conductos
en las cuevas tropicales es varias veces mayor que en las templadas.Los
movimientos de aire y el efecto desecante son mayores en cuevas de amplias
bocas y galerías de gran volumen, y ésto hace que el ambiente intermedio
posea gran extensión. Es este ambiente, propicio para los troglófilos
y sólo temporal o parcialmente usado por los troglobios, el que predomina
en zonas tropicales. En zona templada, en cambio, el ambiente profundo
es predominante y de gran extensión, mientras que el ambiente intermedio
suele ser reducido. Esta diferencia en la extensión de los distintos ambientes
probablemente influya en las proporciones encontradas entre troglobios
y troglófilos en cuevas tropicales y templadas.
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